domingo, 15 de noviembre de 2009

Elegir o no Elegir





Me aburrí de la propaganda electoral, y apenas comenzó, demasiados intentos por seducir a las masas con llantos de bebés famélicos y derechos humanos trastocados durante el gobierno de Pinocho. Creo que lo único importante es lo que haces para mejorar las cosas y no lo que propones para que otros hagan. No me conformo con un “bono”, no me interesan los tratados de libre comercio, no me seducen las musiquitas en “onda”, ni lo que pueda decir Lavín para lamerle las botas a Piraña. Me preocupo por lo que harán estos hombrecillos para dar felicidad; para privilegiar la felicidad de los que educo y para tranquilizar las almas de aquellos con quienes comparto la profesión. Me preocupa que mi madre, a los sesenta y tantos reciba una pensión justa y que mis sobrinos reciban una educación de calidad, la cual debe ser entregada en el sistema estatal, ya que los privados están encargados de crear al sujeto exportable, la educación municipal es la que forma a los líderes nacionales que se quedarán. No es mi afán transformar mi feisbuk en un lugar partidista; por ende no hablaré de aquel que tiene mi voto ni de los que por ningún motivo lo obtendrán, aunque me cuestiono y me avergüenzo de la mala gestión de los medios de comunicación que reparten la franja electoral y dejan sin “publicidad” a los candidatos pequeños. Siento que si la lección que esperamos dar es de igualdad, deberían haber repartido equitativamente el tiempo de promoción.
Todos se recordarán de la Rosa de Aric, o del viejito que gritaba durante 4 segundos: ¡trabajo!, ¡trabajo!, ¡trabajo!; pero alguien recuerda la campaña de Navarro, o de la Lily Pérez, claro que no, porque estamos bombardeados de sujetos que proponen lo mismo.
Me indigna que gobierno tras gobierno los votantes nos encontremos con la difícil tarea de escoger entre el asesinato con pistola o con cuchillo, en el fondo seguiremos trabajando y levantándonos temprano para mover el engranaje social, para que los pobres continúen pobres y los ricos, cada día se hagan más pobres. Lamentablemente encontrarse en el medio, pertenecer a la clase media, no significa nada, el gobierno desatiende las necesidades de aquellos que se lavan la cara y se visten normales. El privilegio está para las señoras que no les suenan los mocos a sus hijos y para Juanito Pérez, el que trabaja a la pala, para todos aquellos chilenos acostumbrados a mendigar. No es mi caso y espero que tampoco sea el suyo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

SÓLO UNA FOTO


Cambio las palabras por un par de imágenes, paro la escritura porque a veces prefiero observar, procesar y plasmar. Dejo de lado lo que me brota para consumir del mundo algunas postales, escojo de una gran bandeja sólo lo que quiero engullir.

¡Vamos planeta!, sorpréndeme con tu sobreexposición, con tus poses obscenas y tus brillantinas en el cuerpo. Si no me lo das, lo tomaré por la fuerza, forzaré la foto tal y como quiero hacerlo hoy contigo.

Salgo a caminar por la noche y me enceguecen las luces, los letreros de moteles son mi fetiche, las luces rojas me arrancan sonrisas, alto al fuego, mi obturador se detiene y me arranca un grito delirante, tengo la foto, alcancé mi mejor foto, pero al caminar, encuentro otra mejor, sexo explícito, otro que sólo insinúa, que más da si puedo tener la foto, he conseguido la foto a cambio de un mal beso, de un mal trago, de una lengua rápida que amenaza con romper mi paladar. Inexperticia e inexperiencia, aunque podría haberme pedido más, una foto lo vale.

Soy yo la del problema, nunca he planificado nada, la vida con agenda se me hace imposible. Mientras beso veo imágenes de lo que quiero, no eres tú, soy yo, una vez más, salida por una puerta lateral.

Soy un bicho raro, lo sé, y es maravilloso serlo de noche. Hasta que te encuentras con los Mister Big de vocación, esos que se sientan a tu lado en una barra y te aconsejan, ese tipo de más de cuarenta que te habla del amor, de la seguridad, de los hijos que tiene, pero que no se deja fotografiar porque no conoce su lado bueno. De pronto me he cansado de las palabras y me lanzo por un beso, se asusta y se ríe, me pide un café para la ebriedad, yo lo llamaré obviedad, he perdido el control de mi zoom, el alcance con el que veo las cosas ha modificado su intensidad. De pronto los colores no son tan nítidos y mi vida apesta porque las imágenes no se estabilizan. Apesta realmente por que ya no uso mi cabeza.

Tuve miedo, miedo de haberme perdido por ahí, pero estoy molesta y esa molestia puede más; estoy absorta en la demencia que me provoca tener una cámara nueva y tanto mundo por absorber. Ganas de salvar causas perdidas, de encontrar por ahí el gran amor. No me siento una Bradshaw, porque la vida con un tipo maduro me resultaría agobiante, todos esos cuidados y la loca idea de arreglarme de a poco como si fuera una rota muñeca de colección que alguien ha dejado caer con alevosía. Simplemente soy yo, la que ha perdido mil batallas y tal vez está a punto de perder la guerra del amor. Sin embargo, me rindo ante tanta simpatía, le suelto el dramón venezolano, recuerdos de noches álgidas, de amores reprimidos y de un clavo atorado. Propuestas, todas decentes. Apesto, apestas, apestamos.

Nunca hables con desconocidos, esa es la primera medida precautoria que me dieron mis padres cuando pequeña, pero no sigo órdenes de nadie, no soy buena para eso, ni para esto ni para aquello.
Pero he mencionado la fotografía, soy buena en eso, en la única cosa que me resulta instintivamente, mantengo la calma para no mover la imagen, destaco el fondo y puedo equilibrar la composición en tres puntos.

Salí por fotos y regresé atorada, arrepentida de haber perdido lo que nunca tuve…la posibilidad de encontrar estabilidad. Después de vivir con un dolor crónico, con el síndrome de la muerte amenazante y con la delirante idea de vivir sola toda mi vida. He comprendido que hay personas dispuestas a compartir contigo, personas que a pesar de no conocerte te invitan un café y te pagan el regreso a casa para ti y tus fotos de ebria.

UÑAS ROJAS


Llevar las uñas rojas resulta complicado para algunas personas. Se relaciona con el estereotipo de la mujer araña, de la sensual fémina que domina la escena y que se contonea a voluntad agitando sus pestañas para captar la atención de algunos valientes.
Llevar las uñas rojas, desentona con la grisácea vida penquista, con la formalidad de las relaciones laborales y de vez en cuando con la moral religiosa.
Sin embargo llevo mis uñas rojas, como una manera de rebelarme frente a todo lo puro, frente a las verdaderas intensiones que me abordan, con el deseo reprimido de estar en los zapatos de otra, siendo otra y haciendo lo que otra.
Resulta incómodo al principio, cuando extiendes tu mano para pagar alguna deuda, o para saludar, y el ser humano que está del otro lado se hace algún perfil de ti, un marco de referencia sobre esta mujer que lleva las uñas rojas y se zarandea el pelo para todos lados. Una mujer de amplias proporciones, con visiones de mundo rojas, con uñas rojas y para colmo, algunas veces, con algún accesorio de color rojo.
Divago, claramente algo pasa de este lado del planeta, he calculado mal la dosis diaria de pensamientos y abusé. Tal vez en algunas oportunidades las mujeres de uñas rojas no alcancen tanta seguridad como se cree, somos más del tipo de personas que se enfundan en algún camuflaje externo para esconder lo que por dentro se nos torna gris.
Demasiada estabilidad no es sinónimo de felicidad, de vez en cuando es necesario subir a alguna montaña rusa, vivir de manera alocada, tirarle piedras a los vehículos que circulan bajo el puente y matar….darle justo a ese sentimiento ajeno, a esa imagen borrosa de ti, que te sacude y te deja distinto.
Nada personal, es más bien un cúmulo de cosas que no se relacionan contigo, una secuencia fotográfica de ti misma pero ausente, ver tus ojos llorosos por algo que no te está pasando a ti y centrar tu atención en tus dedos que si son tuyos, en las uñas de tus dedos que se tiñen de rojo para demostrarte que todavía te queda algo.