domingo, 15 de noviembre de 2009

Elegir o no Elegir





Me aburrí de la propaganda electoral, y apenas comenzó, demasiados intentos por seducir a las masas con llantos de bebés famélicos y derechos humanos trastocados durante el gobierno de Pinocho. Creo que lo único importante es lo que haces para mejorar las cosas y no lo que propones para que otros hagan. No me conformo con un “bono”, no me interesan los tratados de libre comercio, no me seducen las musiquitas en “onda”, ni lo que pueda decir Lavín para lamerle las botas a Piraña. Me preocupo por lo que harán estos hombrecillos para dar felicidad; para privilegiar la felicidad de los que educo y para tranquilizar las almas de aquellos con quienes comparto la profesión. Me preocupa que mi madre, a los sesenta y tantos reciba una pensión justa y que mis sobrinos reciban una educación de calidad, la cual debe ser entregada en el sistema estatal, ya que los privados están encargados de crear al sujeto exportable, la educación municipal es la que forma a los líderes nacionales que se quedarán. No es mi afán transformar mi feisbuk en un lugar partidista; por ende no hablaré de aquel que tiene mi voto ni de los que por ningún motivo lo obtendrán, aunque me cuestiono y me avergüenzo de la mala gestión de los medios de comunicación que reparten la franja electoral y dejan sin “publicidad” a los candidatos pequeños. Siento que si la lección que esperamos dar es de igualdad, deberían haber repartido equitativamente el tiempo de promoción.
Todos se recordarán de la Rosa de Aric, o del viejito que gritaba durante 4 segundos: ¡trabajo!, ¡trabajo!, ¡trabajo!; pero alguien recuerda la campaña de Navarro, o de la Lily Pérez, claro que no, porque estamos bombardeados de sujetos que proponen lo mismo.
Me indigna que gobierno tras gobierno los votantes nos encontremos con la difícil tarea de escoger entre el asesinato con pistola o con cuchillo, en el fondo seguiremos trabajando y levantándonos temprano para mover el engranaje social, para que los pobres continúen pobres y los ricos, cada día se hagan más pobres. Lamentablemente encontrarse en el medio, pertenecer a la clase media, no significa nada, el gobierno desatiende las necesidades de aquellos que se lavan la cara y se visten normales. El privilegio está para las señoras que no les suenan los mocos a sus hijos y para Juanito Pérez, el que trabaja a la pala, para todos aquellos chilenos acostumbrados a mendigar. No es mi caso y espero que tampoco sea el suyo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

SÓLO UNA FOTO


Cambio las palabras por un par de imágenes, paro la escritura porque a veces prefiero observar, procesar y plasmar. Dejo de lado lo que me brota para consumir del mundo algunas postales, escojo de una gran bandeja sólo lo que quiero engullir.

¡Vamos planeta!, sorpréndeme con tu sobreexposición, con tus poses obscenas y tus brillantinas en el cuerpo. Si no me lo das, lo tomaré por la fuerza, forzaré la foto tal y como quiero hacerlo hoy contigo.

Salgo a caminar por la noche y me enceguecen las luces, los letreros de moteles son mi fetiche, las luces rojas me arrancan sonrisas, alto al fuego, mi obturador se detiene y me arranca un grito delirante, tengo la foto, alcancé mi mejor foto, pero al caminar, encuentro otra mejor, sexo explícito, otro que sólo insinúa, que más da si puedo tener la foto, he conseguido la foto a cambio de un mal beso, de un mal trago, de una lengua rápida que amenaza con romper mi paladar. Inexperticia e inexperiencia, aunque podría haberme pedido más, una foto lo vale.

Soy yo la del problema, nunca he planificado nada, la vida con agenda se me hace imposible. Mientras beso veo imágenes de lo que quiero, no eres tú, soy yo, una vez más, salida por una puerta lateral.

Soy un bicho raro, lo sé, y es maravilloso serlo de noche. Hasta que te encuentras con los Mister Big de vocación, esos que se sientan a tu lado en una barra y te aconsejan, ese tipo de más de cuarenta que te habla del amor, de la seguridad, de los hijos que tiene, pero que no se deja fotografiar porque no conoce su lado bueno. De pronto me he cansado de las palabras y me lanzo por un beso, se asusta y se ríe, me pide un café para la ebriedad, yo lo llamaré obviedad, he perdido el control de mi zoom, el alcance con el que veo las cosas ha modificado su intensidad. De pronto los colores no son tan nítidos y mi vida apesta porque las imágenes no se estabilizan. Apesta realmente por que ya no uso mi cabeza.

Tuve miedo, miedo de haberme perdido por ahí, pero estoy molesta y esa molestia puede más; estoy absorta en la demencia que me provoca tener una cámara nueva y tanto mundo por absorber. Ganas de salvar causas perdidas, de encontrar por ahí el gran amor. No me siento una Bradshaw, porque la vida con un tipo maduro me resultaría agobiante, todos esos cuidados y la loca idea de arreglarme de a poco como si fuera una rota muñeca de colección que alguien ha dejado caer con alevosía. Simplemente soy yo, la que ha perdido mil batallas y tal vez está a punto de perder la guerra del amor. Sin embargo, me rindo ante tanta simpatía, le suelto el dramón venezolano, recuerdos de noches álgidas, de amores reprimidos y de un clavo atorado. Propuestas, todas decentes. Apesto, apestas, apestamos.

Nunca hables con desconocidos, esa es la primera medida precautoria que me dieron mis padres cuando pequeña, pero no sigo órdenes de nadie, no soy buena para eso, ni para esto ni para aquello.
Pero he mencionado la fotografía, soy buena en eso, en la única cosa que me resulta instintivamente, mantengo la calma para no mover la imagen, destaco el fondo y puedo equilibrar la composición en tres puntos.

Salí por fotos y regresé atorada, arrepentida de haber perdido lo que nunca tuve…la posibilidad de encontrar estabilidad. Después de vivir con un dolor crónico, con el síndrome de la muerte amenazante y con la delirante idea de vivir sola toda mi vida. He comprendido que hay personas dispuestas a compartir contigo, personas que a pesar de no conocerte te invitan un café y te pagan el regreso a casa para ti y tus fotos de ebria.

UÑAS ROJAS


Llevar las uñas rojas resulta complicado para algunas personas. Se relaciona con el estereotipo de la mujer araña, de la sensual fémina que domina la escena y que se contonea a voluntad agitando sus pestañas para captar la atención de algunos valientes.
Llevar las uñas rojas, desentona con la grisácea vida penquista, con la formalidad de las relaciones laborales y de vez en cuando con la moral religiosa.
Sin embargo llevo mis uñas rojas, como una manera de rebelarme frente a todo lo puro, frente a las verdaderas intensiones que me abordan, con el deseo reprimido de estar en los zapatos de otra, siendo otra y haciendo lo que otra.
Resulta incómodo al principio, cuando extiendes tu mano para pagar alguna deuda, o para saludar, y el ser humano que está del otro lado se hace algún perfil de ti, un marco de referencia sobre esta mujer que lleva las uñas rojas y se zarandea el pelo para todos lados. Una mujer de amplias proporciones, con visiones de mundo rojas, con uñas rojas y para colmo, algunas veces, con algún accesorio de color rojo.
Divago, claramente algo pasa de este lado del planeta, he calculado mal la dosis diaria de pensamientos y abusé. Tal vez en algunas oportunidades las mujeres de uñas rojas no alcancen tanta seguridad como se cree, somos más del tipo de personas que se enfundan en algún camuflaje externo para esconder lo que por dentro se nos torna gris.
Demasiada estabilidad no es sinónimo de felicidad, de vez en cuando es necesario subir a alguna montaña rusa, vivir de manera alocada, tirarle piedras a los vehículos que circulan bajo el puente y matar….darle justo a ese sentimiento ajeno, a esa imagen borrosa de ti, que te sacude y te deja distinto.
Nada personal, es más bien un cúmulo de cosas que no se relacionan contigo, una secuencia fotográfica de ti misma pero ausente, ver tus ojos llorosos por algo que no te está pasando a ti y centrar tu atención en tus dedos que si son tuyos, en las uñas de tus dedos que se tiñen de rojo para demostrarte que todavía te queda algo.

martes, 13 de octubre de 2009

Leve, pero crónico.


Concepción me hace feliz. Conce, mi ciudad, me divierte y me muestra cosas que no había visto antes de mí, ni de los demás. Un ejemplo de esto es la plaza de la independencia, siempre nueva, con alguna sensación nueva, gente nueva y ahora con el sistema de agua nuevo, ineficiente, pero nuevo al fin.

También he conocido lugares, personas, olores y sabores nuevos como el helado de manjar con nuez, que siempre me había rehusado a probar, tal vez por pendejería al ver que todas las minas lo comían. Lugares como un bar con buena decoración, con buena atención, pero con ese dejo familiar que tanto me exaspera. Olores como las rosas moradas, que concentran mejor el olor que las otras rosas.

Intento equilibrar la balanza y por ende mi propia vida, para ver si de una vez por todas logro encontrar el siguiente escalón, ese, como del comercial de Pepsi, pero sin pasar a llevar a nadie. Claro está que mi meta no se reduce a una simple guitarra eléctrica, ni a un micrófono. Ya que en mi caso, no sé que busco. La novedad del año -dijo mi hermano-, en una conversación que amenazaba con ser seria, de hecho tiene razón en la base, pero sus comentarios no me gustan, no se supone que la familia debe querernos tal y como somos, más bien, como he dicho antes, amarnos a pesar de lo que somos, de lo terribles que somos. Los juicios insidiosos como de talk show gringo, a la usanza de Oprah (la negrita simpaticona) están de más.

Conce tiene “eso”, la sensación de ser un lugar en el límite entre lo cosmopolita y lo rústico. El límite entre el puterío y lo sacro. El límite entre el mariconeo y el heterosexualismo. Cada cual elige su tendencia, cada uno despierta abrazado a lo que quiere, total no hay tele, no hay SQP, no hay farándula.

Hoy me he quejado del amor, me he hartado del amor tal como lo conocía, me presento a un nuevo casting en que se necesitan personas dispuestas a generar nuevas cosas, a promover nuevas sensaciones, new sensation, como dice la canción, una mezcla entre vodka y sudor, entre labios y cerezas color vino tinto. Un conjunto de pieles y humo. Qué se yo de aquello, qué espero de todo eso, qué espero de mi Conce querido, nada, sólo que todo lo anterior me pase aquí, justo aquí. Esto sería equivalente a hacer el amor en la cama de los padres con tu vecino flaite o a manipular la pistola del padre, tomarse los tranquilizantes de mamá con el whisky importado del hermano grande. Cosas extrañas en una mente que ha comenzado su fase terminal, pero que quiere su ciudad, que la camina, que la fotografía, que la besa.

Pero volviendo a Conce, siento que ha comenzado a envejecer, a tejer como las viejitas en el invierno, a tomar aguardiente con café como los jubilados, ya no me acompaña como yo quisiera, no hay gente espirituosa, ni hombres jugados, falta el punch como diría Checho Lagos, falta un amor violento como la canción de Los Tres. Falta equivocarse y disfrutarlo, trabajar no significa dejar de vagar, no significa sentar la cabeza, sino agitarla, total para eso hay dinero, para destapar botellas y agitar traseros.

He perdido la seriedad, he dejado de pertenecer a la fuerza racional de este país. Padres y apoderados, exijan que esta loca deje de educar a sus hijos, por el bien de las futuras generaciones de momios sentimentales.



domingo, 11 de octubre de 2009

POLAROID


Hay instantes mágicos que interesa recordar, momentos en que tomas tus fotografías para la posteridad buscando que algún pariente te felicite por la buena toma del cabro chico comiéndose la sopa verde. Las nuevas cámaras digitales te ofrecen instantaneidad, son fáciles de acumular en una memoria digital, las puedes imprimir, ya no revelas nada y si no te da la gana guardarlas las borras y las olvidas.

Anoche, conversando con un fotógrafo profesional, de esos que toman fotos en matrimonios y bautizos de la alta sociedad de nuestro Conce querido, me puse a hablarle de las polaroid, de mis ganas de tener una algún día.

Para los que no saben qué es una polaroid, se trata de una de esas cámaras fotográficas antiguas que tomaban las fotos en negro y era necesario ponerlas al calor del pecho para que se revelaran, es decir, no sabías que resultaba de la toma, hasta que tu corazoncito le otorgaba el calor necesario (ya que los fotógrafos las metían en el bolsillo de su camisa). Sonrió diciéndome que ese era un pensamiento romanticón, lleno de un dejo nostálgico, me comentó acerca de la efectividad de las Canon, de la buena resolución de las Nikon. Del buen objetivo de las Sony, en fin, cosas que yo ya sabía. Tal vez hemos perdido el romantisismo, la cosa mística como diría mi Janita. En un mundo de Fast food, de Fast sex, de Fast todo, las cosas lentas han perdido terreno.

Soy una mujer polaroid, de aquellas que sólo toman conciencia, que sólo revelan su imagen al contacto de un pecho tibio. Una loca con ganas de todo, con sentido de la espera, atenta a los detalles; pero parece que voy desfasada, porque no tengo un objetivo claro, ni un lente óptico desarrollado, soy más bien de las que aman descubrir cosas que nadie más ha visto, de las que buscan las siete diferencias. De las que sueñan con encontrar en algún baúl olvidado una foto amarillenta de la vida de algún familiar.

Mi fotógrafo quedó corto en todo sentido, en la explicación, en las miradas, en el sentido del arte, me mostró algunas de las fotos de la noche que había sacado a unos cuantos amigos borrachos. Me deja con sentimientos encontrados, tal vez mi sentido del arte no es tan comercial. Lo rápido vende, lo rápido seduce, lo rápido se olvida al compararlo con los clásicos. Seguiré buscando la toma perfecta, el efecto fantástico, después de todo he visto una polaroid en un conocido escaparate.

Taxi


Tomar el taxi debería ser considerado un acto de escapismo digno de un gran mago, como el Copperfield o este mago chanta enmascarado o el famoso Cristian Ángel. La verdad es que uno se larga y para el dedo índice buscando que algún pelotudo, detrás de un parabrisas le haga la señal de detenerse. Te montas arriba, (del asiento) y comienzas tu trayecto, le pides que doble, que siga, que se detenga y no sabes cómo, pero terminas en el acceso principal del edificio de tu ex, le mandas un mensaje de texto, para no despertar a la bruja que tiene de esposa, y el muy necio lo contesta, a esta altura ya sabes que es lo que sigue, un beso, salir del anonimato, contar de él, alguien que tienes escondido, tu jorobado personal, ha salido a la luz de la noche. El señor del taxi no sabe si esperar, si seguir, si apretar cachete o meterle chala al asunto. Alguien que quieres mucho se decepciona de ti, aunque no lo diga, pero son mis necesidades especiales, ser amada por alguien que no verás al día siguiente, alguien a quien disfrutarás por un par de minutos, antes de que otra sienta su costado frío, y salga al balcón a ver dónde está. He vuelto a las andanzas, a sentir el vértigo que implica ser descubierta.

Los rusos blancos hacen su efecto, me vuelvo a subir al taxi, con mi amante incluido, doy vueltas y vueltas, se me olvida lo que vale un taxi, lo que vale el orgullo, lo que valgo, he abrazado a un hombre ajeno, pero las reacciones son propias, lo que se genera es nuestro, y de un taxista y de ella, que no sabe qué decir. Me canso de los arrumacos, de su olor, de la aspereza de su rostro, de sus manos grandes sobre mi espalda, es como si quisiera retenerme toda en su memoria, como si intentara tomar una foto o plotear el plano de mi cuerpo hasta la próxima vez. Yo no, no lo necesito mañana , para mi todo se basa en sensaciones, y esta en particular me hace mal, me siento obligada a comparar cada abrazo, a sentir celos de otra que lo tiene para ella, la noche de lluvia pierde sentido.

El taxi dobla en la esquina, lo devuelvo a los brazos de una Penélope que duerme, de una mujer que nunca miraré a los ojos, o tal vez sí, nos damos el último beso, ese que me sirve para que él pague la cuenta del taxista prostituto.


lunes, 27 de julio de 2009

Try walking in my shoes


Ponte en mi lugar. Cuántas veces he escuchado esta frase como si fuera el fin más intelectual de una pelea, como si la gente buscara justificación para sus mariconadas cotidianas. Tal vez si intentaran caminar en mis zapatos, sí vieran como se siente ser yo por un margen de tiempo, sabrían que no me importa el cochino destino, sino el viaje en sí; que no busco el verdadero amor, sino uno mío a quien pueda descubrir en el crisol de la vida. Ni eterno ni pasajero, por el tiempo justo. De todas las maneras posibles hemos acercado las dudas, hemos unido las certezas y de cuando en cuando ha salido alguna verdad universal. Pero nada se detiene, ni siquiera el amor. Somos humanos y como tales unimos los pedazos del orgullo herido para conformar un gran orgullo, impenetrable a simple vista, a simple tacto. Hemos llegado al final de un camino, al final de un sentimiento, al final de una vida elegante que no tuvo desenfreno, no fui yo en ningún momento, tal vez una mala versión de mis miedos. Pero nada importa ya, nada nos devuelve al primer momento, nada se modifica para hacernos mejores de lo que fuimos. Cada uno cumplió con su parte del trato y no me pesa saber que pude extralimitarme y no lo hice, que pude esperar y no lo hice.

Fuerza y coraje son un pretexto para no llorar en frente de los otros. De qué estamos hablando, si las lágrimas son parte de una estrategia, de una mala propaganda personal. Nos sentimos frágiles, inseguros...como barcos de servilleta, posamos nuestras manos en otras y el velcro invisible de la seducción nos une, una y otra vez reposamos en otros, pero no, es sólo una cuestión de costumbre.
Just free love, tal vez, porque el amor es la sincronía perfecta de dos personas que se conectan sin necesidad de rejas.
He dejado de amar y he comenzado a querer. Comprendí la magia de un te quiero, de desear a otro en toda su magnitud, pero sin amar, porque justamente esta frase se prostituyó hace mucho. He perdido el aire por alguien, se ha detenido el tic tac de mi pecho por una fracción de segundo. Es hora de volver a los excesos personales y de otorgarme dosis incontables de mimos. Frenéticamente he plagado de buenas vibras a los que amo, es hora de dejar de ponerme en sus zapatos e intentar caminar en los míos, a pesar de su taco de aguja.

sábado, 25 de julio de 2009

Sensor de Movimiento

Mi alojamiento en Valparaiso era casi perfecto, una casona antigua, con un gran baño, una cocina equipada a mi gusto...sólo un detalle me molestaba y era la vista. Mi dormitorio no daba al mar, tampoco a los cerros, sólo veía una bodega vieja y un trozo del congreso nacional. Luego de aplanar por horas las calles, sacando fotos y hablando muy poco (porque Valpo me enmudece), el sueño y el cansancio me vencieron. Desperté tarde, con el molesto frío Porteño en la piel y una extraña luz en la bodega, que prendía y apagaba cada vez que los señores de los carritos guardaban su mercadería.
Pensé mucho en la constancia de la luz, en cómo lo iluminaba todo cada vez que alguien sin afán de ser iluminado entraba en el recinto, alguien olvidado rápidamente por los turistas, valorado momentáneamente por el humano con hambre de sopaipillas. Alguien poco agraciado que, de cierta manera, desentona con la belleza del lugar.
Los humanos también poseemos sensores, sensores de movimiento. Acaso no nos echamos atrás cada vez que alguien que no queremos se nos acerca, acaso nuestros ojos no iluminan descaradamente a los sujetos que nos gustan, acaso no sudamos y temblamos cuando nos tocan el punto sensible.
Mirando la luz, en silencio, empapada de todo lo que me gusta, imágenes de otros tiempos vinieron a mi mente. Deshilvané teorías, abandoné sentimientos, dejé bruscamente de sentir, mi luz se apagó. Descansé de una vida pasada, pero eso sólo me compete a mí.
Ya no soy la misma, ni quiero serlo, ya no hay fidelidad, tampoco espera, porque de algo estoy segura la magia la hago yo. Ahora sé, que cada vez que pases por mi lado, el sensor no prenderá.

viernes, 24 de julio de 2009

Barman Porteños (Parte I)

La búsqueda del verdadero amor es un complejo panorama. Hay personas que pasan toda su vida probando, buscando, esperando a ese sujeto o sujeta que los haga pensarse distintos, que los haga sentirse elevados por los aires y que a su lado todo sea mejor.
Amores a primera vista he tenido muchos. Amor a primera palabra también he tenido. Pero este amor es especial, porque nace con el primer sorbo de un pisco sour, nace de la experiencia vicaria de sentirme hielo, de entrar en una coctelera y ser agitada con energía, pero con la delicadeza típica del amor que siempre he esperado.El hielo no desaparece, se funde en un delicado abrazo alcohólico, pasional, en que todos los ingredientes se desarman en beneficio de un todo. Sentir, con todos los puntos de tu cuerpo, como el alcohol toma posición privilegiada.Te dosificas en la medida exacta, sin malos cálculos que te hagan vomitar, que te provoquen una mala resaca y por consiguiente renegar del amor. Descansas en las melodías del Blues, pero técnicamente tu mente viaja, te proyectas, te robas y capturas el instante mágico en que tu lengua saboreó el beso, el mágico beso del azúcar y el limón en el borde del vaso.
El mejor trago de mi vida, el mejor de mi vida en Valpo. El amor nos hace valientes o a veces las compañías nos hacen pensar más rápido que de costumbre, Run Bárbara Run, this is the slogan. Primera palabra, tantear el terreno, eres o no eres, habilidad manual, paciencia para el arte etílico, manos bellas, brazos firmes,ojos que brillan ante el primer piropo sureño. Halagos, nervios, tragos derramados. Es así el amor, torpeza y perfección. Mi barman de pocas palabras, pero grandes obras. Te debo mi mejor instante y tal vez sí, me sentí mojito, me sentí piña colada, me sentí cuba libre...pero nada se compara al primer sorbo de mi mágico sour.
Y hoy, que recuerdo de a poco, recién con los ojos abiertos, trato de procesar instantes mágicos. He amanecido con el recuerdo de tu nombre, con el olor de tu perfume y sí, con el pisco sour en mis labios.

viernes, 17 de julio de 2009

Íntima

Cuándo comienza la verdadera intimidad. Es acaso cuando nos desvestimos por primera vez frente a un extraño, o es más simple y comienza cuando nos besamos las mejillas en el primer encuentro. Tal vez comienza con el primer pensamiento, cuando dejamos de meditar en lo nuestro para entender lo del otro.
Pienso en cuán íntimos podemos llegar a ser, cuán abiertos, para dejar que otro ente en nuestra vida. Para algunos se trata de abrir la cama, otros abrirán las piernas y los más reservados abrirán su vida. Es que por algo se empieza, desnudando la vida, para terminar desnudando hasta el alma. No hablo de aquella intimidad televisiva, sino de la que nosotros, como simples terrícolas en estado natural, podemos mostrar. Porque está claro que cuando chicos no lo aprendemos, ni siquiera cuando nuestra madre nos prohíbe mostrar el "popo" o dejar que la tía nos toque "ahí".

Crecer no es un proceso fácil, una muestra de aquello es la depilación, aunque mi postulado va más allá, cuando uno está grande y se propone formar los famosos círculos de amigos, también se hace una idea de lo que quiere compartir, vamos tanteando hasta donde es conveniente decir, cómo lo tomaron. Cuál fue la reacción ante la estupidez que pronunciamos involuntariamente. A la larga encontramos a ese mejor amigo o amiga que es capaz de entenderlo todo, al menos aparentemente.

Luego conocemos un otro que nos atrae y que con el tiempo amamos cada vez más, con ese otro el concepto de intimidad se amplia, incluso más allá de las barreras físicas. Confieso que me llama la atención ver como las parejas se interrumpen para completar la frase del otro, porque tal vez la sincronización íntima es tremenda.

Sin embargo, luego de haber dicho lo anterior, para mí la intimidad es inagotable, no basta con que el otro nos conozca en el baño, con los kilos de más, con los malos olores, despeinados, con el maquillaje corrido, enfermos, idiotas, con mal aliento, con un mal corte de cabello, sin la ropa interior adecuada. Porque se trata de que otro ajeno se apodere de tu historia, que se ponga al tanto de lo que te duele y de lo que te gusta. Que se sorprenda con tus cambios, con tus nuevas elecciones. Que te quiera a pesar de lo (malo) que eres. Que te lleve a su mundo y seas capaz de disfrutarlo como si fuera el tuyo, que te acompañe en silencio, que te hable cuando lloras, que te contenga, que apriete ahí donde explotas, que sepa tus puntos débiles y los álgidos. Que se burle de tus berrinches y llore cuando estés triste. A ese otro, íntimo también, no hace falta que le pidas que te ame, porque lo hace involuntariamente, otro íntimo que a pesar de comerse el mundo, siempre será tuyo.

Amores incompletos

Y te digo que te amo, pero luego me arrepiento.
Me dices que me amas...pero no lo entiendo.
será que estamos enterrados bajo el amor, sientiéndolo y amándolo, pero hemos olvidado como se hace para vivirlo.

Qué mierda pasa, en esta ciudad de mierda, cuando las parejas de mierda se dicen palabras de mierda.
En estos momentos pienso en mi profesora de gramática, demasiada mierda para una frase, pero me suena perfecta.
Por qué digo lo que no quiero, porque mi mente conoce la sintaxis, he aprendido a maquetear oraciones con sentido, a pesar de que yo misma no lo tengo. Miento, para mantener mi corazón a salvo.

Soy esclava de una mente solitaria, que se ha acostumbrado a los amores incompletos.

jueves, 16 de julio de 2009

Facebook.

A veces a las mujeres nos invade una valentía fuera de todo lo que conocemos. nos dan las ganas de mandarlo todo a la soberana mierda para ver si así, de una vez por todas, dejamos de ser las tontas de siempre.
En mi caso, el facebook es lo que me ataba a todos mis amores anteriores, bueno, también al amor presente. La cosa es que con un simple "desactivar cuenta" pude dejar de lado aquello que me hace daño. No hablo de dejar de amar, porque ese proceso es más complejo, pero sí dejé de ver cada uno de los "eventos" que Fulanito y Menganito hacían cada día, no niego lo entretenido que es ver lo que cada uno hace, es una especie de ventana al mundo íntimo de cada uno de nuestros "amigos". El voyeurismo del "cara de libro", me tiene agotada, porque una será fuerte, pero los celos afloran cada vez que cualquier yegua se atreve a dejar un comentario amoroso acerca de "mi guapo".
Tal vez sea verdad que los medios de comunicación nos dejan cada día con menos palabras, ya no tenemos el coraje de terminar una realción "face to face", porque así como empezamos a querernos por MSN, así también se debe terminar...supongo.

sábado, 20 de junio de 2009

Damiselas en peligro

Hace poco tuve la mala suerte de enfermarme. La verdad es que podía hacerlo sin problemas, ya se acabó la universidad y la cesantía forzada me sienta de maravillas a la hora de las licencias. La cosa es que han aparecido de golpe aquellas personas que he dejado de ver hace mucho , personas que han coprotagonizado mi vida por un lapso de tiempo. Gente que sin amar he querido para mí, pero que a la larga me han dejado un mal sabor de boca.
Hombres que responden al ideal de la damisela en peligro. Seres que se alejaron porque justamente la autosuficiencia extrema de esta servidora les causaba molestias. Yo me pregunto, en qué cambia la situación. Por qué les resulta atractivo el estereotipo de la mujercita desprotegida,será que tanta testosterona les gobierna el cerebro y les impulsa a utilizar el mazo de tarzán. Osea Yo hombre y tu mujer.
Desde pequeña he sido bien independiente, y me cuesta "dejarme querer", la igualdad de géneros en el sentido de las capacidades me parece fabulosa. No estoy con aquellas que han hecho manda para que les crezca un pene; pero sí considero que hay cosas que podemos hacer igual o mejor que un hombre. Seamos realistas chiquillos. Bárbara hay una sola, y va a seguir siendo igual, aunque tenga una pechuga menos o una pata coja. Si buscan una damisela en peligro, han equivocado el rumbo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Mi galán de ropa usada

Siempre pensé que el hombre de mi vida iba a aparecer despampanante en un día de lluvia con una sonrisa grande y dientes perfectos. Con su espalda ancha y un perfume de aquellos con notas amaderadas. Imaginé que me agarraría fuerte, mientras mi paraguas se volaba y mis tacos resbalaban.
Pero no, el hombre de mi vida no apareció así, lo vi en una tienda de ropa americana comprando pantalones de gabardina a $1990. Lo seguí, amiga te confieso que por eso estuvimos tanto tiempo revolviendo las poleras, porque era bello, un hombre muy guapo e interesante, con su bolso negro y su camisa blanca, zapatos café. No sé su nombre, pero debe haber sido un Roberto o un Manuel. Lo qué más me llamó la atención fue un pequeño tatuaje, una runa que vi en su cuello cuando se agachó a recoger un pantalón. El tipo era perfecto. Me dio verguenza seguirlo tan fijamente, incluso lo esperé a la salida de los probadores mientras marjorie me preguntaba cómo le quedaba su polera del osito. Y de repente abre la cortina verde y me queda viendo, me sonrojé y corrí al final de la Meicy's a buscar pantalones.
Fue inevitable no pensar en él, no proyectarme con él mientras buscaba un jeans decente. Pensé en cómo sería besarlo, caminar con él o jugar con sus crespos oscuros. Como sea, volví al cajón de las poleras y ahí estaba de nuevo, inseguro, prepotente, insistente, tenía que encontrar el pantalón perfecto. otra mirada, una sonrisa, este o este, (distintos pantalones en el mismo tono) apunté al de la derecha. Un gracias con su voz perfecta...supe que no lo vería más. Podría mentir y decir que nos dimos los números, que quedamos en vernos para tomar un jugo, podría decir que lo besé y corrí; pero no, tan sólo apunté con el dedo y le dije chao. Ese es amor a primera vista?.

Mi primera Propuesta de matrimonio

Desperté abruptamente cuando un par de ojitos cafés me miraban fijamente. No sé desde cuando me miraban, pero debe haber sido harto. Lo miré también y le sonreí, me abrazó firme y lloró.
Bárbara: por qué lloras
Anibal: porque te quiero mucho tía, de aquí a mi colegio (una distancia de más o menos veinte minutos en auto) y no quiero que te murai nunca.
Bárbara: por qué me quieres tanto
Anibal: porque sí, porque me cocinai chupetes de azúcar y me haci burbujas con el jabón de la mama, porque me llevai a los dinosabrios y tiramos piedras a la laguna.
Bárbara: y por eso me quieres
Anibal: sí y cuando sea grande me voy a casar contigo tía y vamos a comer muchos chupetes de azúcar
Bárbara: Anibal los tíos y los sobrinos no pueden casarse porque eso es incesto
Anibal: no me importan los incestos, mi mamá tiene repelente para que no nos piquen.

Plop.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Encuentros desafortunados

Una noche cualquiera, una mujer cualquiera y un tipo cualquiera se entrelazan en las calles de una ciudad cualquiera. El tipo lleva en la mano un cigarro cualquiera, se lo acerca a la boca y lanza una bocanada de humo. Ella, piensa en cosas sin sentido, busca las llaves en una cartera negra, mientras con la otra mano se acomoda los cabellos que se le han ido a la boca. Ninguno de los dos se ha percatado de nada, ni de la presencia del otro, ni del olor del humo, ni del tintineo de las llaves. Cada uno de ellos va absorto en su propia vida, llenos de lo que no son y vacíos de contacto con otros. Él, un tipo filósofo, de esos que se pasan la vida reflexionando sobre el aire, sobre la evolución de la especie, un tanto insatisfecho, lleno de dudas y de carencias. Ella, una mujer interesante, algo resentida, llena de recuerdos y de planes, llena de pasado y de futuro, pero sin un presente cómodo en el que pueda descansar.
Cada uno frecuenta lugares distintos; ella asidua a los bares; él, adicto a los parques. Ella bebe, él camina. Ella gasta, él ahorra.Ambos comparten el gusto por la lectura, ambos se pasan el tiempo libre, y el ocupado, en buscar buenos libros que acompañen sus horas muertas. Ella, asidua a los latinoamericanos, él, seducido por la elegancia de los franceses. Ella elige como siempre a García Márquez,mira el nuevo volumen que agregará a su colección como el bien más preciado que posee. Él se deja llevar por el empaste de Montaigne, por el olor a tierras extrañas. Ambos compran y se van, ambos se han cruzado una vez más y no se han percatado. Ella, abandona el lugar con el anhelo de un buen vino tinto, él con antojos de un café caliente. Qué perfectos se ven ambos, sólo con una mirada podrían cambiar su mundo, pero no, ninguno ha mirado al otro, ni siquiera se han tomado la molestia de mirar cuando se ha caído un pesado libraco.
Cómo hacerles saber que están predestinados, cómo decirles que ambos serán felices cuando se conozcan. Cómo coartarles la libertad de elegirse, no diré nada, no me molestaré en presentarlos, es hermoso escuchar a las parejas decir...por qué no nos conocimos antes.

No es invensión nuestra.

Cuenta la historia, que los dioses griegos del Olimpo se aburrían mucho, por tal motivo crearon al hombre. Sin embargo todavía se aburrían, por esto crearon el amor, entonces vieron que ya no sea aburrían y quisieron practicarlo también ellos. Se dieron cuenta de que no era fácil jugar al amor, por eso inventaron la risa, como una manera de olvidar las penas de amor.
Qué difícil es para nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso jugar a querer, aceptar las reglas de los dioses ociosos de un lugar lejano. Está historia, contradice a cupido, aquí no se habla de flechas ni de angelitos a poto pelado, sino que se nos habla de un juego macabro y ocioso de las deidades olímpicas, las cuales hicieron del hombre un artefacto amatorio.
Ahora bien, me pregunto si los dioses eran conscientes del regalo que les otorgaban a los hombres, cada uno de nosotros ha recibido su porción de amor sin pedirla y sin luchar por ella, amores sufridos, amores ingenuos, locuras de amor, pero cada uno de nosotros ha tenido algún ápice de amor en sus vidas.
Sin embargo me propongo investigar cuándo se está realmente enamorado, o es que es tan delgada la línea que no nos damos cuenta cuando la cruzamos. Es como una maratón que se corre, que se lucha por ganar, pero que no nos damos cuenta donde está la meta. Cuál es la meta del amor, conquistar a alguien, conquistar la cama de alguien o ser presentados por alguien como el Oficial. En mi humilde opinión, en el amor la meta es eterna y uno bueno, se cansa de correr y deja la carrera tirada donde sea. No se puede tirar eternamente de un elástico que al final terminará rompiéndose.
Otra de las preguntas que me hago es cuándo el amor deja de ser trivial para convertirse en verdadero, hay algún momento perfecto que destaque por sobre los otros y que nos enfrente al hombre que amamos limpiamente, sin intereses y sin caretas. Puede que sea un día cualquiera, el cual si miramos un par de años atrás destaque por sobre los otros, simplemente porque sí.
Simplemente esto del amor es muy difícil, cada uno se enfrenta a él de manera diferente, a veces de lleno y otras parcialmente, confinando al amor a un proceso que se ejecuta en segundo plano. Otros viven para el amor, lo cuestionan, lo amasan, lo manosean, se lo explican y se engañan.
Momentos felices hay muchos, el amor es un cúmulo de emociones que nos hace libres, que no deja espació para otras cosas, ya que la sola idea de pensar que queremos nos vuelve adictos al otro.
Sólo me resta decir que el amor no es invento nuestro, nosotros somos simples marionetas que los dioses mueven para entretenerse y para reírse.

La compra.

He roto el chanchito con el fin de comprar una cartera nueva, la vi hace tiempo en una vitrina del mall y en cuanto se apareció frente a mis ojos se me volvió una necesidad. Ahorré por cuatro semanas, me sacrifiqué para no gastar el dinero en nada más, vendí algunas cosas que ya no usaba y me dejé algunos vueltos del supermercado. Sólo quería la cartera por lo que había visto en la vitrina, ni siquiera medité si iba conmigo, con mi estilo, si esa cartera serviría para mis necesidades, ya que por lo general cargo en las carteras con muchas cosas, prácticamente con todo.
Conté las monedas una por una, $40.780, ese es el ahorro del mes. Estoy contenta, por fin compraré la cartera que tanto quiero, con la que he soñado todo este tiempo. Llego a la tienda y la pido a la vendedora, la veo, la mido con una carpeta, intento hacer que quepa, pero no, es pequeña, además necesita cuidados especiales por el reno de la que está hecha. Por ningún motivo me sirve esta cartera.
Uno vive de ilusiones siempre, tratando de suplir sus necesidades, o sus banalidades de la manera que mejor le parezca, en mi caso me esforcé tanto por algo que no me sirve. Me lancé como una niña a un juguete nuevo, sin saber que la cartera, muy linda y todo, nunca satisfará mis expectativas.
Esto se parece al problema de las parejas, muchas veces creemos estar enamoradas de alguien que nos gusta mucho, alguien que nos hipnotiza con lo que es. Nos esforzamos por encajar, por lograr que nos combine, hacemos sacrificios sobrehumanos, lloramos, conquistamos. Todo con la finalidad de obtener la atención y concretar una relación con alguien. Con el tiempo vemos que no era lo que pensábamos, el bolso, tan caro por lo demás, no nos presta la utilidad necesaria. El hombre que nos quitaba el sueño, ha dejado de encajar con nosotros, en el fondo hubiera sido más fácil darse cuenta a tiempo de que el tipo nunca nos encajó, fue el gen consumista, ese que se empecina en obtener lo complejo, lo que es casi imposible, las mujeres gozamos con ese Casi, sabemos que en el fondo podemos lograr lo que no se puede. Mientras más difícil es el asunto, más fácil nos desencantamos, es como si fueran factores inversamente proporcionales. A mayor idealización….menor es el goce, menor el tiempo y menor la satisfacción.
Se trata de un juego de roles, o sea, siempre nos obsesionamos con el tipo que nos ignora, con el tipo que nos quiere como amigas, o con el actor de cine independiente que vive en el piso de arriba. Será que las mujeres crecimos con la idea de que no existen los imposibles. Bueno, propongo replantearse la “compra” antes, revisar si el adminículo en cuestión sirve para complementar nuestras vidas, si el bolso es capaz de contener lo necesario….no es posible que un notebook quepa en un bolso de fiesta.
Me replanteo mis compras anteriores, amores sufridos que he frenado a tiempo, aunque no antes de romper el chanchito y contar si me alcanza. Esta vez estoy ahorrando, juntando pedazos de mí, para ver si soy capaz de comprar lo que quiero, muchas veces me he sorprendido con el chanchito en las manos, a punto de tirarlo al suelo, hasta que recuerdo las veces anteriores, me contengo, junto más, pienso más, pruebo las compras potenciales. No me quiero equivocar en estos tiempos de crisis, no hay mucho espacio para un sobregiro. No cuesta embobarse, idealizar, pero el problema es que el amor no juega con algo material, está en juego la vida, el alma de uno de los participantes. Comprador y vendedor se exponen, uno al rechazo y el otro a la estafa.
Hoy tengo en mente una compra, me gusta lo que he visto en la vitrina. Sin embargo temo, a que no se venda, a que no me lo vendan a mí, por un problema de exclusividad. En fin, no me entusiasmaré tan rápido, el hecho de ser exclusivo me da la ventaja de que otra venga, lo compre y lo devuelva. Un producto usado es un producto con descuento, podré guardarme un poco de mí y tener lo que quiero.

Descargo I

Algo me molesta, parece que hay cosas que se han salido de mi control y de mi entendimiento. He olvidado cómo se bloquean las cosas que no quiero que pasen, y es así como siguen dando vueltas por mi cabeza extraños factores, malditas impresiones que no quiero.
Estoy a punto de emprender el vuelo, de correr, escapar y mandar todo al otro hemisferio, no quiero pensar más, no quiero aprender más, todo lo que sé es lo que necesito para divertirme.
Hay momentos en que todo pierde sentido, nada tiene el para qué, ni el por qué, tan sólo se hacen las cosas por una inercia estúpida, es como el famoso "cómo estás" pronunciado por reflejo. No hay nada escrito, es como si el tiempo se detuviera en una pausa eterna. Y todos se divierten, todos se pelean por moverse mientras tú te detienes, dejas que la vida camine en la misma dirección que siempre.
Y otra vez me pregunto por qué no tengo la facilidad de desaparecer, el poder de desintegrarme lenta y certeramente, dejar de respirar en lo profundo del silencio.
Y otra vez te extraño, eres lo que más necesito y no estás, en ningún lado escucho tus consejos. Te miro en la foto, la última que me enviaste, no lloro, pero te extraño, me haces falta para despabilarme, para decirme que hay sol, que no todo es tan negro como parece.
Reparo en todo lo que alguna vez me sirvió de catarsis; los viajes, las peleas, el sueño, los calmantes, los gritos, el aire. Reparo en cosas que ya no surten el mismo efecto. Me duele saber que sigo recurriendo a ti, que sigo buscando en ti lo que no se puede, yo estoy, soy algo concreto, tú tan sólo un recuerdo, una idea recontra usada. Lo siento, esta noche la sinceridad me embarga.
Estoy enferma, me angustia el silencio, me duele la vida como nunca, de no ser por ella estaría gozando del descanso eterno, demasiados requerimientos tiene la vida, la consigna debería ser VIVE!!!!, pero no, surgen papeleos, decisiones, afectos y efectos, demostraciones, malversaciones, derroches y otras cosas. Todo en contra, nada a favor.
Trato de salir a flote, de ver las flores de colores, los verdes intensos, las demostraciones de cariño, pero en todo, en todos, hay un dejo de falsedad.
Incluso aquellos que me parecían verdaderos, han pasado a ser una mala copia, una mala versión de alguien más, se han vuelto artificiales, se han perdido en alguna esquina de este mercado de mierda que es la ciudad.
No, ya lo he visto todo, he asistido a los eventos que prometían algo, he conocido a las personas que brillaban un poco, ya no más, me he dado cuenta de que nada es lo que parece, nadie conserva su santidad por mucho tiempo.
Bienvenida al circo, al espectáculo callejero en el que todos hacen un mal papel, en el que nadie es digno de figurar más.

Finales Felices.

No pueden seguir haciendo lo mismo, cuántas películas con finales felices tienen que crear para que entiendan el concepto. No señores, me opongo a su falta de realidad, a su poco sentido de la creatividad.
Muchas veces sorprendí a mi mamá preguntando si la cenicienta seguía viviendo con el príncipe, o si la bella durmiente seguía cantando tan bonito.
Ahora que crecí, la cosa no es distinta, el cine nos bombardea con cintas falsas, con los "Postdata Te Amo", con "las locuras de amor en las vegas" y tanta cosa de amor que llega a retumbar en el cerebro. Y escuchas la maldita musiquilla y te enojas porque los hombres no hacen lo que está escrito en el guión invisible, en el guión de las convencionalidades. Hay derechos de reclamar por algo que no es verdadero, es como si intentáramos demandar al viejo pascuero, a esta edad, porque no te trajo lo que esperabas.
En esto mi amiga Raquel tiene mucho que decir, me ha causado bastante gracia su idea, más bien la imagen, que ha descrito: la pareja de enamorados se pelea, ella sin decir nada se va, mira constantemente hacia atrás, esperando a que Jhon o Jaques, no sé, algún nombre de película, salga corriendo tras de ella, saltando cuanto obstáculo se le interponga, además de que todo el mundo le aplaude, ya que este tipo es un verdadero héroe. La escena termina en un gran beso y de fondo alguna melodía de Ennio Morricone. Claro, todo eso en su mente, porque en el fondo el tipo no la va a perseguir, no la va a besar ni menos la va a entender, porque todo es un berrinche premenstrual.
Por qué nos pasa esto, es que tendremos algún switch que vaya acumulando finales felices, algún director cinematográfico que vaya diciéndonos lo que debe pasar. El problema es que por más que lo pienso, no he tenido un final feliz, he peleado y no me han seguido, he gritado, he golpeado y no me han callado con un beso. Esto no ocurre en la vida real. O si ocurre bueno, viven en Hollywood y más les vale que se muevan porque están el alguna locación.
No es por ser pesimista, digamos que me he vuelto más concreta, quiero saber qué pasa cuando se baja el telón y las Cameron Diaz y las Julias Robert llegan a su casa, lo más probable es que no les ocurra lo mismo que pasa en el set de grabación, ya que cada una de ellas cuenta con una basta lista de divorcios a su haber. Hasta la Jolie, quien goza del prototipo ideal de hombre se ve cansada y envuelta en más de alguna polémica.
Pobres hombres, cuál es su ideal del amor después de ver tanto fútbol o la lucha libre, de la ciencia ficción o las películas porno. Será que tendremos que disfrazarnos con camisetas o darles golpes coreográficos en una lona, volar, retroceder el tiempo o bien filmar la intimidad.
Por qué seguimos viendo películas románticas, ya sabemos lo que ocurre al apagar la tele o salir del cine. La realidad nos asecha y el gordo no es Brad Pitt .
Cuál es la solución entonces, será que Schopenhauer tiene razón y tenemos la necesidad de ver el amor como un regalo del cielo, como una idealización etérea que nos llevará al universo y más allá, es el amor lo que nos hace más llevadera la vida cotidiana. Posiblemente sea una enfermedad, ya que mientras más románticas son las películas, más lloramos, más la vemos y más odiamos a nuestra pierna peluda por no acercarse a lo que es Romeo o Nicolas Cage.
Hace poco vi una película que trataba justamente este tema, El amor tiene dos caras, la película trata el tema de una manera muy acertada, hasta que llega el final.... el tan meloso final donde ambos amantes se quedan juntos mientras oyen su música auspiciados por un vecino. Hasta dónde llegaremos con esto, cuándo veremos films basados en la vida real, en el amor real, o es que tenemos problemas para aceptar el amor tal como es. Estoy convencida de que el amor no goza de la venia social, nadie sería capaz de aceptar el amor si no existieran las películas románticas.

Cinco minutos de amor

Nunca he entendido el amor ni pienso entenderlo, simplemente está ahí desde siempre, asechando con sus amenazas, con sus frases cursis y sus acciones estúpidas. Sales y recorres mucho, eres capaz de seguir una vida políticamente correcta, puedes disfrutar de momentos divertidos junto a tus amigos; pero no se puede desatender el amor, no se puede renegar de él por mucho tiempo porque se viene encima y rompe los esquemas.
Me he enamorado por cinco minutos, por cinco escasos minutos sentí como la vida se me iba en un par de palabras. Sonreí y me callé, estaba completamente descolocada, el amor había invadido todo y por poco me inunda la historia que inventé para justificar el silencio. Gracias a Dios existe el silencio, el cerebro, gracias a Dios existen las posibilidades y las lenguas mueren cuando no son capaces de hilar frases coherentes. Gracias a Dios existen las balanzas cerebrales y el amor se mitiga cuando el cerebro lo contiene.
No diré frases cursis, he pecado, he cedido al aroma de los imposibles. Me he convertido en princesa disney por tan sólo cinco minutos.
Los cinco minutos pasaron, el susto pasó, pero me queda el recuerdo, el fantasma burlón que me recordará ese abismo, que me mostrará la línea que crucé por escasos cinco minutos.
Qué queda después de eso, el silencio, el recuerdo de la risa y de las manos que tiemblan, el error cometido por un momento, el error inconsciente, el vuelo de pájaros en la cabeza que me hicieron perder la estabilidad emocional.
Acaso el amor dura más, es posible prolongar estos síntomas por más de cinco minutos, se puede amar de "esa manera", loca, avasalladora, delirante, por más de cinco minutos, o es que se justifica sólo en este caso de intensidad crónica, de estupidez involuntaria. Nada en mí es convencional, nada me pasa como al resto, muchos aman por meses, incluso años...para mí sólo escasos cinco minutos.

Preindependencia

Mi papá era un gran hombre, de los que ya no existen, que se extinguieron el 26 de febrero de 2003. Era de los que gritan con fuerza y no se callaba hasta que le daban la razón. Comía hasta quedar satislleno (como decía él), luego se fumaba todos los cigarros correspondientes y dormía su siesta.
Las mejores conversaciones las tuve con mi padre, era una suerte de enciclopedia cotidiana, me decía las cosas como eran, sin temor a que estuviera equivocado, sin pelotudeses políticamente correctas, no era de los que me preguntaba cómo estaba, porque lo daba por sentado...en la adolescencia hija algunos días son malos y otros peores.
Un día me dijo..."quitito, no hay como las mujeres independientes, no hay como las mujeres que no dejan que ninguna mierda las pase a llevar, que viven de su trabajo y que se juntan con un gallo cuando quieren, no para escaparse de la casa"
En ese entonces yo lo miraba y me reía, pensaba que eran aprensiones de padre, miraba la independencia como algo lejano, a los 17 años nadie se quiere ir de la casa, al menos eso pensaba, para que dejar la confortable cocina de mi madre y los abrazos fueres de mi papito.
Mientras se fumaba el belmont número cuarenta del día, me contaba cosas de la vida, me pulía el carácter y me convertía en el monstruo que soy, me enseñaba a clavar, a destapar cañerías con una laucha (averigüen) y a deshacer la grasa de los tubos con agua hirviendo y Quix, a reparar cosas eléctricas(cosa que nunca aprendí), en fin, a ser autosuficiente. Mi padre me dijo qué hacer en caso de que él no estuviera, me puso al tanto del dolor que se siente al estar vivo y sin ganas de vivir, temas trascendentes que en ese momento entendía a medias y que ahora he completado con la experiencia. Sin embargo nunca me dijo que para ser independiente se necesitaba dinero,dinero y bueno... más dinero.
Así pasó el tiempo, entre cafecitos, cigarritos,consejitos, papito y la quitito. Nunca pensé en lo frágil que es la vida y en lo rápido que nos dejan los papitos a las quititos como yo. Nunca presupuesté cumplir la mayoría de edad sin los cafecitos, sin los consejitos, sin el humito del cigarrito. De esto sale mi adicción al café expreso, al humo de los puchos ajenos y a que me hablen mucho...
La muerte de mi viejo no es el tema,en parte porque me duele más que nada.La muerte de mi viejo y la de Daniel, mi mejor amigo, son los dolores más grandes que no he tenido el valor de vivir todavía, están ahí reprimidos con una represa que un día de estos se vendrá abajo. La idea principal de este escrito loco es el consejo...no hay como las mujeres independientes. Claro que tenía razón mi viejito y hoy la idea cobra más sentido. Ningún pájaro con alas vive en el nido paterno, y yo que tengo alas, sigo acá chocando con otros pájaros que de vez en cuando vienen a supervisar el nido.
Muchas familias compran casas grandes con la esperanza de que los hijos sigan con ellos, de que los pollos no crezcan y que uno se conforme con su pieza como el lugar de esparcimiento. Mi madre es así, ella me quiere eternamente aquí, como el modular del comedor.Se imagina su vejez llena de barbaritas chicas, porque la cabrita tiene que sentar cabeza, eso sí cuando quiera, tengo un margen de libertad, puedo escoger cuándo sentar cabeza.
Mi papá me dijo qué hacer en caso del ataque materno, dile que se vaya contigo...y bueno mi mamá tiene complejo de capitán...muere en el barco, que en este caso es la casucha esta.
Tengo todo preparado, los libros y el notebook, un tostador eléctrico que me compré el año pasado, mis carteras y zapatos, mis abrigos y las fotocopias, cosas que caben facilmente en el maletero de un colectivo, ese es todo el patrimonio, la riqueza material que poseo. Tengo incluso preparado un discurso que dice más o menos así (tocesita): familia....me largo, por fin me voy y bueno pueden hacer lo que quieran sin avisarme, yo haré lo mismo. Sueño con el portazo final y el despojo de las llaves, entregar La llave de la puerta...para no volver más, al menos permanentemente, como visita puede que venga.
No sé que tan complejo es el proceso de alejarse de la casa grande, de la catedral familiar, uno se expone a las carencias y a la pobreza, pero nada se compara con la tranquilidad de haber encontrado el único lugar del mundo que nos pertenece porque tiene nuestra bandera. Uno se puede comprar cosas, pero cuando te sacas la mugre por obtener tus cuatro paredes...por Dios que se siente bien, al menos en teoría. Esto no es comparable a las parejas que se casan y se van, porque ellos no tienen la transición, es como salir de la cárcel para entrar en un convento, nunca se conocen libres y solos sino en sociedad.
Tendré que esperar un tiempo antes de pronunciar mi discurso y de llamar a don taxista, ésta es la primera vez que me preparo para algo con tanta anticipación, con tanto deseo, ni la PSU la preparé tanto, en parte debe ser que este proceso me convierte en graduada, en licenciada en independencia...el título más importante en la vida de una mujer como yo...porque "no hay como una mujer independiente, no hay como las mujeres que no dejan que ninguna mierda las pase a llevar, que viven de su trabajo y que se juntan con un gallo cuando quieren, no para escaparse de la casa"

Juanito Pérez

Juanito Pérez vive a la vuelta. Es un tipo corriente y con aspiraciones cortas. El típico ciudadano que trabaja 8 horas diarias en una cubículo de la oficina de impuestos internos, con su camisa blanca remangada, su corbata celeste y los lentes gruesos. He cruzado palabras con él, es más, nos abrazamos cada año nuevo deseando, cordialmente, lo mejor, yo siempre digo:Juanito que este año te despabiles un poco y él me dice algo que no recuerdo, todo lo que este tipo dice se evapora.
Juanito vive su vida con guantes blancos, no dice nada que lo pueda comprometer, no come completos en la calle, no bebe directamente de la botella y ni hablar de comer manzanas sin lavar, no creo que juanito eructe. El concepto de felicidad de este tipo se reduce a vivir en su casa y comer lo que le prepara su madre, la señora Julita.
Nada en Juanito tiene onda, no es un tipo feo, es más, se podría decir que es bien parecido, pero el chico no habla, se confina al eterno si y no. Le he conocido algunas pololas, chiquillas lindas, comunes y decentes....Juanito siempre pide eso, una chica decente de esas que no dicen culo ni cuentan chistes cochinos, chiquillas que se quieran casar y formar familia, porque la señora Julita es mayor y quiere nietecitos.
La historia de Juanito es triste, porque siempre las chiquillas le duran un mes, sin distinción, todas le han durado 30 días. Son como un cheque a fecha que expira impostergablemente a los treinta días de haber asumido el compromiso.
Juanito es mi primer modelo de hombre...el quedadito, el tímido y correcto empleado público que trabaja para la Mamá, que le sostiene la lana mientras la señora teje y ven la comedia de la tarde. Es el típico gallo que carga traumas, que levanta y baja la tapa del baño, porque sabe que la mamá le pega si se moja, duerme en pijama con patitas y usa slip, no bóxer, slip y mientras más largos...mejor.
He conocido un par de ellos, y son buenos para escuchar, para entender los problemas femeninos, con este tipo uno puede hablar de periodos menstruales, de dolores de ovarios y de medias corridas.Nada lo espanta después de limar los callos de la madre y de abrocharle el sostén. El problema empieza cuando te hartas de todo eso, cuando se espera el desenfreno y el chasconeo. Todas las chicas caen, porque esperan que debajo de esos lentes se esconda el super hombre. Recuerden que hemos crecido viendo a Superman.
Pero no pasa, juanito siempre será juanito. Nunca tomara la iniciativa ni hará nada que no haya sido dicho por su madre. Incluso después de que la señora muera, las mujeres que se embarquen con él tendrán que parecerse a ella. Plancharles los pantalones por el revés, para que no brillen y lavarle las camisas con suavizante.
Hoy he hablado con juanito, me ha contado acerca de su ruptura nuevamente, pobre de él, no ha entendido que a las mujeres nos gusta sufrir, nos gusta que nos muevan el piso y que los Chiquillos usen BÓXER.

Sueño De Una Noche de Marzo.

Encuentros, amores trasnochados, lágrimas, cervezas, todo eso se me repite en visiones nocturnas, en sueños locos que me atormentan. En mis sueños veo a un hombre, extraño sujeto que se viste de gris, que habla en un idioma extraño, pero que entiendo. Sé lo que me dice, sólo yo me comunico con él en una especie de sonidos guturales que los demás escuchan con asombro. A medida que transcurre el sueño, el tipo se vuelve más grande como una suerte de masa pesada que amenaza con absorberme y aplastarme. Impaciente me lanzo a él, como si no me importara entrar en él, como si no me afligiera el hecho de morir aplastada. El hombre llora, gime, desaparezco bajo sus pies,me busca y se castiga, se arranca pedazos de sí para sacarme de dentro...irremediablemente desaparezco sin dejar más rastro que un pañuelo, una pañoleta roja que en la realidad tengo. Nadie en el sueño se levanta, nadie deja de beber su cerveza para rescatarme, sólo los gritos del hombre-masa, sólo los golpes con sus piernas me hacen pensar que todavía vivo, que todavía existo dentro de él.
La masa corre, y yo siento el vaivén de mi cuerpo, siento como cada vertebra se dobla y como mis piernas tocan mi cabeza. Lloro, me duele saber que me he perdido en una masa, en una masa gris...ni siquiera negra, gris. Nadie me busca, nadie se interesa por conocer mi paradero. Me pierdo en otro, me escondo en otro sin posibilidades de salir.
La masa se tiende en el suelo, poco a poco yo también abandono mi posición fetal para extenderme dentro. Me duermo, y sueño, sueño en el sueño. Te veo brillante y sumergido en un agua espesa, en un río esmeralda que no tiene mucha corriente. Cantas, bailas, bebes de esa agua tan bella. Te veo de lejos, me siento a observar tu ritual, tu maravilloso ritual de limpieza. Me llamas, me invitas a que me sumerja contigo...corro, me alejo, te dejo, me gritas, lloro, me caigo, me duele....despierto. La masa se mueve, se golpea el hueco en su abdomen, me duele, algo me succiona....la masa me vomita.
La masa se desvanece, se convierte en un puñado de polvo que el viento dispersa. Estoy sola, agónica, cada pedazo de mí me duele. Me siento y recuerdo mi sueño, te recuerdo y lloro, te abandoné, temí al ritual, temí a que el agua me consumiera, a compartir el mismo río contigo. Me levanto y vuelvo, vuelvo a mi rutina, al lugar inicial, esta vez sin hombre gris, sin masa gris. Todos me miran y se ríen, carcajadas mugrientas salen de sus labios...escondo la vista, me extiendes los brazos, me apañas, me devuelves la calma....me duermo y reposo, descanso en tu pecho, he vencido la burla....el celular me despierta.