
Me aburrí de la propaganda electoral, y apenas comenzó, demasiados intentos por seducir a las masas con llantos de bebés famélicos y derechos humanos trastocados durante el gobierno de Pinocho. Creo que lo único importante es lo que haces para mejorar las cosas y no lo que propones para que otros hagan. No me conformo con un “bono”, no me interesan los tratados de libre comercio, no me seducen las musiquitas en “onda”, ni lo que pueda decir Lavín para lamerle las botas a Piraña. Me preocupo por lo que harán estos hombrecillos para dar felicidad; para privilegiar la felicidad de los que educo y para tranquilizar las almas de aquellos con quienes comparto la profesión. Me preocupa que mi madre, a los sesenta y tantos reciba una pensión justa y que mis sobrinos reciban una educación de calidad, la cual debe ser entregada en el sistema estatal, ya que los privados están encargados de crear al sujeto exportable, la educación municipal es la que forma a los líderes nacionales que se quedarán. No es mi afán transformar mi feisbuk en un lugar partidista; por ende no hablaré de aquel que tiene mi voto ni de los que por ningún motivo lo obtendrán, aunque me cuestiono y me avergüenzo de la mala gestión de los medios de comunicación que reparten la franja electoral y dejan sin “publicidad” a los candidatos pequeños. Siento que si la lección que esperamos dar es de igualdad, deberían haber repartido equitativamente el tiempo de promoción.
Todos se recordarán de la Rosa de Aric, o del viejito que gritaba durante 4 segundos: ¡trabajo!, ¡trabajo!, ¡trabajo!; pero alguien recuerda la campaña de Navarro, o de la Lily Pérez, claro que no, porque estamos bombardeados de sujetos que proponen lo mismo.
Me indigna que gobierno tras gobierno los votantes nos encontremos con la difícil tarea de escoger entre el asesinato con pistola o con cuchillo, en el fondo seguiremos trabajando y levantándonos temprano para mover el engranaje social, para que los pobres continúen pobres y los ricos, cada día se hagan más pobres. Lamentablemente encontrarse en el medio, pertenecer a la clase media, no significa nada, el gobierno desatiende las necesidades de aquellos que se lavan la cara y se visten normales. El privilegio está para las señoras que no les suenan los mocos a sus hijos y para Juanito Pérez, el que trabaja a la pala, para todos aquellos chilenos acostumbrados a mendigar. No es mi caso y espero que tampoco sea el suyo.




