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jueves, 16 de julio de 2009

Facebook.

A veces a las mujeres nos invade una valentía fuera de todo lo que conocemos. nos dan las ganas de mandarlo todo a la soberana mierda para ver si así, de una vez por todas, dejamos de ser las tontas de siempre.
En mi caso, el facebook es lo que me ataba a todos mis amores anteriores, bueno, también al amor presente. La cosa es que con un simple "desactivar cuenta" pude dejar de lado aquello que me hace daño. No hablo de dejar de amar, porque ese proceso es más complejo, pero sí dejé de ver cada uno de los "eventos" que Fulanito y Menganito hacían cada día, no niego lo entretenido que es ver lo que cada uno hace, es una especie de ventana al mundo íntimo de cada uno de nuestros "amigos". El voyeurismo del "cara de libro", me tiene agotada, porque una será fuerte, pero los celos afloran cada vez que cualquier yegua se atreve a dejar un comentario amoroso acerca de "mi guapo".
Tal vez sea verdad que los medios de comunicación nos dejan cada día con menos palabras, ya no tenemos el coraje de terminar una realción "face to face", porque así como empezamos a querernos por MSN, así también se debe terminar...supongo.

sábado, 20 de junio de 2009

Damiselas en peligro

Hace poco tuve la mala suerte de enfermarme. La verdad es que podía hacerlo sin problemas, ya se acabó la universidad y la cesantía forzada me sienta de maravillas a la hora de las licencias. La cosa es que han aparecido de golpe aquellas personas que he dejado de ver hace mucho , personas que han coprotagonizado mi vida por un lapso de tiempo. Gente que sin amar he querido para mí, pero que a la larga me han dejado un mal sabor de boca.
Hombres que responden al ideal de la damisela en peligro. Seres que se alejaron porque justamente la autosuficiencia extrema de esta servidora les causaba molestias. Yo me pregunto, en qué cambia la situación. Por qué les resulta atractivo el estereotipo de la mujercita desprotegida,será que tanta testosterona les gobierna el cerebro y les impulsa a utilizar el mazo de tarzán. Osea Yo hombre y tu mujer.
Desde pequeña he sido bien independiente, y me cuesta "dejarme querer", la igualdad de géneros en el sentido de las capacidades me parece fabulosa. No estoy con aquellas que han hecho manda para que les crezca un pene; pero sí considero que hay cosas que podemos hacer igual o mejor que un hombre. Seamos realistas chiquillos. Bárbara hay una sola, y va a seguir siendo igual, aunque tenga una pechuga menos o una pata coja. Si buscan una damisela en peligro, han equivocado el rumbo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Mi galán de ropa usada

Siempre pensé que el hombre de mi vida iba a aparecer despampanante en un día de lluvia con una sonrisa grande y dientes perfectos. Con su espalda ancha y un perfume de aquellos con notas amaderadas. Imaginé que me agarraría fuerte, mientras mi paraguas se volaba y mis tacos resbalaban.
Pero no, el hombre de mi vida no apareció así, lo vi en una tienda de ropa americana comprando pantalones de gabardina a $1990. Lo seguí, amiga te confieso que por eso estuvimos tanto tiempo revolviendo las poleras, porque era bello, un hombre muy guapo e interesante, con su bolso negro y su camisa blanca, zapatos café. No sé su nombre, pero debe haber sido un Roberto o un Manuel. Lo qué más me llamó la atención fue un pequeño tatuaje, una runa que vi en su cuello cuando se agachó a recoger un pantalón. El tipo era perfecto. Me dio verguenza seguirlo tan fijamente, incluso lo esperé a la salida de los probadores mientras marjorie me preguntaba cómo le quedaba su polera del osito. Y de repente abre la cortina verde y me queda viendo, me sonrojé y corrí al final de la Meicy's a buscar pantalones.
Fue inevitable no pensar en él, no proyectarme con él mientras buscaba un jeans decente. Pensé en cómo sería besarlo, caminar con él o jugar con sus crespos oscuros. Como sea, volví al cajón de las poleras y ahí estaba de nuevo, inseguro, prepotente, insistente, tenía que encontrar el pantalón perfecto. otra mirada, una sonrisa, este o este, (distintos pantalones en el mismo tono) apunté al de la derecha. Un gracias con su voz perfecta...supe que no lo vería más. Podría mentir y decir que nos dimos los números, que quedamos en vernos para tomar un jugo, podría decir que lo besé y corrí; pero no, tan sólo apunté con el dedo y le dije chao. Ese es amor a primera vista?.

Mi primera Propuesta de matrimonio

Desperté abruptamente cuando un par de ojitos cafés me miraban fijamente. No sé desde cuando me miraban, pero debe haber sido harto. Lo miré también y le sonreí, me abrazó firme y lloró.
Bárbara: por qué lloras
Anibal: porque te quiero mucho tía, de aquí a mi colegio (una distancia de más o menos veinte minutos en auto) y no quiero que te murai nunca.
Bárbara: por qué me quieres tanto
Anibal: porque sí, porque me cocinai chupetes de azúcar y me haci burbujas con el jabón de la mama, porque me llevai a los dinosabrios y tiramos piedras a la laguna.
Bárbara: y por eso me quieres
Anibal: sí y cuando sea grande me voy a casar contigo tía y vamos a comer muchos chupetes de azúcar
Bárbara: Anibal los tíos y los sobrinos no pueden casarse porque eso es incesto
Anibal: no me importan los incestos, mi mamá tiene repelente para que no nos piquen.

Plop.

miércoles, 4 de marzo de 2009

La compra.

He roto el chanchito con el fin de comprar una cartera nueva, la vi hace tiempo en una vitrina del mall y en cuanto se apareció frente a mis ojos se me volvió una necesidad. Ahorré por cuatro semanas, me sacrifiqué para no gastar el dinero en nada más, vendí algunas cosas que ya no usaba y me dejé algunos vueltos del supermercado. Sólo quería la cartera por lo que había visto en la vitrina, ni siquiera medité si iba conmigo, con mi estilo, si esa cartera serviría para mis necesidades, ya que por lo general cargo en las carteras con muchas cosas, prácticamente con todo.
Conté las monedas una por una, $40.780, ese es el ahorro del mes. Estoy contenta, por fin compraré la cartera que tanto quiero, con la que he soñado todo este tiempo. Llego a la tienda y la pido a la vendedora, la veo, la mido con una carpeta, intento hacer que quepa, pero no, es pequeña, además necesita cuidados especiales por el reno de la que está hecha. Por ningún motivo me sirve esta cartera.
Uno vive de ilusiones siempre, tratando de suplir sus necesidades, o sus banalidades de la manera que mejor le parezca, en mi caso me esforcé tanto por algo que no me sirve. Me lancé como una niña a un juguete nuevo, sin saber que la cartera, muy linda y todo, nunca satisfará mis expectativas.
Esto se parece al problema de las parejas, muchas veces creemos estar enamoradas de alguien que nos gusta mucho, alguien que nos hipnotiza con lo que es. Nos esforzamos por encajar, por lograr que nos combine, hacemos sacrificios sobrehumanos, lloramos, conquistamos. Todo con la finalidad de obtener la atención y concretar una relación con alguien. Con el tiempo vemos que no era lo que pensábamos, el bolso, tan caro por lo demás, no nos presta la utilidad necesaria. El hombre que nos quitaba el sueño, ha dejado de encajar con nosotros, en el fondo hubiera sido más fácil darse cuenta a tiempo de que el tipo nunca nos encajó, fue el gen consumista, ese que se empecina en obtener lo complejo, lo que es casi imposible, las mujeres gozamos con ese Casi, sabemos que en el fondo podemos lograr lo que no se puede. Mientras más difícil es el asunto, más fácil nos desencantamos, es como si fueran factores inversamente proporcionales. A mayor idealización….menor es el goce, menor el tiempo y menor la satisfacción.
Se trata de un juego de roles, o sea, siempre nos obsesionamos con el tipo que nos ignora, con el tipo que nos quiere como amigas, o con el actor de cine independiente que vive en el piso de arriba. Será que las mujeres crecimos con la idea de que no existen los imposibles. Bueno, propongo replantearse la “compra” antes, revisar si el adminículo en cuestión sirve para complementar nuestras vidas, si el bolso es capaz de contener lo necesario….no es posible que un notebook quepa en un bolso de fiesta.
Me replanteo mis compras anteriores, amores sufridos que he frenado a tiempo, aunque no antes de romper el chanchito y contar si me alcanza. Esta vez estoy ahorrando, juntando pedazos de mí, para ver si soy capaz de comprar lo que quiero, muchas veces me he sorprendido con el chanchito en las manos, a punto de tirarlo al suelo, hasta que recuerdo las veces anteriores, me contengo, junto más, pienso más, pruebo las compras potenciales. No me quiero equivocar en estos tiempos de crisis, no hay mucho espacio para un sobregiro. No cuesta embobarse, idealizar, pero el problema es que el amor no juega con algo material, está en juego la vida, el alma de uno de los participantes. Comprador y vendedor se exponen, uno al rechazo y el otro a la estafa.
Hoy tengo en mente una compra, me gusta lo que he visto en la vitrina. Sin embargo temo, a que no se venda, a que no me lo vendan a mí, por un problema de exclusividad. En fin, no me entusiasmaré tan rápido, el hecho de ser exclusivo me da la ventaja de que otra venga, lo compre y lo devuelva. Un producto usado es un producto con descuento, podré guardarme un poco de mí y tener lo que quiero.

Finales Felices.

No pueden seguir haciendo lo mismo, cuántas películas con finales felices tienen que crear para que entiendan el concepto. No señores, me opongo a su falta de realidad, a su poco sentido de la creatividad.
Muchas veces sorprendí a mi mamá preguntando si la cenicienta seguía viviendo con el príncipe, o si la bella durmiente seguía cantando tan bonito.
Ahora que crecí, la cosa no es distinta, el cine nos bombardea con cintas falsas, con los "Postdata Te Amo", con "las locuras de amor en las vegas" y tanta cosa de amor que llega a retumbar en el cerebro. Y escuchas la maldita musiquilla y te enojas porque los hombres no hacen lo que está escrito en el guión invisible, en el guión de las convencionalidades. Hay derechos de reclamar por algo que no es verdadero, es como si intentáramos demandar al viejo pascuero, a esta edad, porque no te trajo lo que esperabas.
En esto mi amiga Raquel tiene mucho que decir, me ha causado bastante gracia su idea, más bien la imagen, que ha descrito: la pareja de enamorados se pelea, ella sin decir nada se va, mira constantemente hacia atrás, esperando a que Jhon o Jaques, no sé, algún nombre de película, salga corriendo tras de ella, saltando cuanto obstáculo se le interponga, además de que todo el mundo le aplaude, ya que este tipo es un verdadero héroe. La escena termina en un gran beso y de fondo alguna melodía de Ennio Morricone. Claro, todo eso en su mente, porque en el fondo el tipo no la va a perseguir, no la va a besar ni menos la va a entender, porque todo es un berrinche premenstrual.
Por qué nos pasa esto, es que tendremos algún switch que vaya acumulando finales felices, algún director cinematográfico que vaya diciéndonos lo que debe pasar. El problema es que por más que lo pienso, no he tenido un final feliz, he peleado y no me han seguido, he gritado, he golpeado y no me han callado con un beso. Esto no ocurre en la vida real. O si ocurre bueno, viven en Hollywood y más les vale que se muevan porque están el alguna locación.
No es por ser pesimista, digamos que me he vuelto más concreta, quiero saber qué pasa cuando se baja el telón y las Cameron Diaz y las Julias Robert llegan a su casa, lo más probable es que no les ocurra lo mismo que pasa en el set de grabación, ya que cada una de ellas cuenta con una basta lista de divorcios a su haber. Hasta la Jolie, quien goza del prototipo ideal de hombre se ve cansada y envuelta en más de alguna polémica.
Pobres hombres, cuál es su ideal del amor después de ver tanto fútbol o la lucha libre, de la ciencia ficción o las películas porno. Será que tendremos que disfrazarnos con camisetas o darles golpes coreográficos en una lona, volar, retroceder el tiempo o bien filmar la intimidad.
Por qué seguimos viendo películas románticas, ya sabemos lo que ocurre al apagar la tele o salir del cine. La realidad nos asecha y el gordo no es Brad Pitt .
Cuál es la solución entonces, será que Schopenhauer tiene razón y tenemos la necesidad de ver el amor como un regalo del cielo, como una idealización etérea que nos llevará al universo y más allá, es el amor lo que nos hace más llevadera la vida cotidiana. Posiblemente sea una enfermedad, ya que mientras más románticas son las películas, más lloramos, más la vemos y más odiamos a nuestra pierna peluda por no acercarse a lo que es Romeo o Nicolas Cage.
Hace poco vi una película que trataba justamente este tema, El amor tiene dos caras, la película trata el tema de una manera muy acertada, hasta que llega el final.... el tan meloso final donde ambos amantes se quedan juntos mientras oyen su música auspiciados por un vecino. Hasta dónde llegaremos con esto, cuándo veremos films basados en la vida real, en el amor real, o es que tenemos problemas para aceptar el amor tal como es. Estoy convencida de que el amor no goza de la venia social, nadie sería capaz de aceptar el amor si no existieran las películas románticas.

Juanito Pérez

Juanito Pérez vive a la vuelta. Es un tipo corriente y con aspiraciones cortas. El típico ciudadano que trabaja 8 horas diarias en una cubículo de la oficina de impuestos internos, con su camisa blanca remangada, su corbata celeste y los lentes gruesos. He cruzado palabras con él, es más, nos abrazamos cada año nuevo deseando, cordialmente, lo mejor, yo siempre digo:Juanito que este año te despabiles un poco y él me dice algo que no recuerdo, todo lo que este tipo dice se evapora.
Juanito vive su vida con guantes blancos, no dice nada que lo pueda comprometer, no come completos en la calle, no bebe directamente de la botella y ni hablar de comer manzanas sin lavar, no creo que juanito eructe. El concepto de felicidad de este tipo se reduce a vivir en su casa y comer lo que le prepara su madre, la señora Julita.
Nada en Juanito tiene onda, no es un tipo feo, es más, se podría decir que es bien parecido, pero el chico no habla, se confina al eterno si y no. Le he conocido algunas pololas, chiquillas lindas, comunes y decentes....Juanito siempre pide eso, una chica decente de esas que no dicen culo ni cuentan chistes cochinos, chiquillas que se quieran casar y formar familia, porque la señora Julita es mayor y quiere nietecitos.
La historia de Juanito es triste, porque siempre las chiquillas le duran un mes, sin distinción, todas le han durado 30 días. Son como un cheque a fecha que expira impostergablemente a los treinta días de haber asumido el compromiso.
Juanito es mi primer modelo de hombre...el quedadito, el tímido y correcto empleado público que trabaja para la Mamá, que le sostiene la lana mientras la señora teje y ven la comedia de la tarde. Es el típico gallo que carga traumas, que levanta y baja la tapa del baño, porque sabe que la mamá le pega si se moja, duerme en pijama con patitas y usa slip, no bóxer, slip y mientras más largos...mejor.
He conocido un par de ellos, y son buenos para escuchar, para entender los problemas femeninos, con este tipo uno puede hablar de periodos menstruales, de dolores de ovarios y de medias corridas.Nada lo espanta después de limar los callos de la madre y de abrocharle el sostén. El problema empieza cuando te hartas de todo eso, cuando se espera el desenfreno y el chasconeo. Todas las chicas caen, porque esperan que debajo de esos lentes se esconda el super hombre. Recuerden que hemos crecido viendo a Superman.
Pero no pasa, juanito siempre será juanito. Nunca tomara la iniciativa ni hará nada que no haya sido dicho por su madre. Incluso después de que la señora muera, las mujeres que se embarquen con él tendrán que parecerse a ella. Plancharles los pantalones por el revés, para que no brillen y lavarle las camisas con suavizante.
Hoy he hablado con juanito, me ha contado acerca de su ruptura nuevamente, pobre de él, no ha entendido que a las mujeres nos gusta sufrir, nos gusta que nos muevan el piso y que los Chiquillos usen BÓXER.