domingo, 19 de junio de 2011

Bang

He perdido mi vieja música, las viejas escrituras, los viejos sueños y para colmo de males…los viejos amores.

Poéticamente he escapado de todo lo que me recuerda lo antiguo, menos algunas personas que se han clavado en las paredes de la vieja vida y que han sobrevivido a los intentos por redecorar.

Tengo algunas tácticas de vandalismo listas, pistolas de goma con banderas de bang…bang, bang, papel higiénico para envolver viejas fotos, suciedad de perro para poner en el camino de los ideales trastocados.

En qué piensas mente, en qué te empecinas cuerpo en decadencia, mis ideas radioactivas que se cuelan por los ojos me obligan a pensar en cosas ajenas. Te veo, te siento, te asumo como una parte importante de lo que pretendí en un pasado, pasado venenoso, en el que todo lo que quería aparecía.

He vuelto, parada en ambas piernas, con la columna erguida, con los ojos abiertos. Miro para ambos lados del camino, temo a las malas pasadas, me retraigo para mis adentros…divago, redundo.


Supongo que el pasado no siempre fue mejor, que las ideas no siempre constituyen oportunidades, qué los sueños no siempre se concretan.

Dejo el espacio, el vacío reservado para algo importante, la medida del amor mezclada con algún licor, con humo a veces, con distancia, con lágrimas, con recuerdos. Asumo…todavía algo me condena.

lunes, 24 de mayo de 2010

BEST LUCER.


Cambian nuestras preferencias, nuestras prioridades y nuestros sentimientos.


Cada día que pasa, un nuevo cambio, tal vez el vestido nuevo venga con un nuevo amor. Como cenicienta he ido perdiendo zapatos, dejándolos al paso para que cualquier príncipe los encuentre y me busque, pero en cambio, la resolución de aquellos ha sido la de quedarse con el zapato como trofeo.

Guardo mis cambios bajo la cama, para mí, para disfrutarlos sola, sin que exista la necesidad, ni la decisión de mostrarlos al mundo. Hoy he llorado, sintiéndome sola, sin ser la prioridad de nadie, ni de mi familia, ni de los amigos, simplemente soy.

Aguardo el caminar sigiloso del minutero, las horas pasan y sigo sin entender de qué material estamos hechos, de plomo tóxico, de algodón de azúcar o simplemente depende del camuflaje ofensivo del otro, del que nos enfrenta con su corazón a cuestas. Tengo un disfraz perfecto, uno con alas para simular un ave, pero bajo mi túnica llevo los grilletes, los anclajes al mundo real.

lunes, 18 de enero de 2010

Grandes Amigos.

Había soñado mil veces con el día en que se acabara. Es más, me había imaginado miles de eventuales maneras de decirle OK, esto se acabó. Imaginé el lugar e incluso lo intenté un par de veces. Sé que no es normal terminar una relación que tiene algo, que te mueve a hacer cosas por el otro, una relación que está viva, pero que es nociva, tanto para ti, como para tu alma.
Me quedé con el sabor de la derrota, mezquina en las palabras, un adiós dicho por él, tal vez un hasta nunca, cerré los ojos, el computador y los programas, porque debo decir que nunca había terminado nada por este medio, tan impersonal por lo demás. Aburrido, no hubo llantos, ni gritos, solo letritas en cursiva negra del tipo “monotipe”, que desfilaban por mi ventana rosada, ni siquiera hubo monitos, ni zumbidos, ni derecho a réplica. Respiré profundo, porque qué se puede hacer cuando no sigues en la pista, cuando se apagan las luces de la carretera y ni siquiera un policía rural te detiene para pasarte un parte, claro otra metáfora de mi vida.




Me tendí en la cama, desecha como siempre, apagué mi lámpara y se me pasaron por la mente tantos recuerdos, tantas fiestas, declaraciones y aclaraciones. Fue amor, realmente cruzamos la línea del cariño para desnudar las almas, realmente lo amé, me amó, no lo sé; pero tampoco vale la pena preguntarlo, simplemente fue.
Cerré los ojos y me calmé, no podía ser tan malo. Pensé en la última vez en que no quise a nadie, hipotéticamente hablando, tal vez es cómodo aceptar las reglas del juego, sentarse y recibir los pases del otro, contestar que sí, con un “está bien”, someterse a los designios. Pero de más está decir, o tal vez no, nunca he sido sumisa. A esas alturas habían pasado algunos minutos, repasé mentalmente el parlamento, pensé en llamarle y decirle que nos vieramos nuevamente. Había sacado mis conclusiones, pero había dejado de doler(¿?) la anestesia hacía lo suyo, mientras iba dejando de pensar en él, en mí con él, mi cuerpo entraba en el letargo de un sueño reparador. Sonó el teléfono, y si “....casa llamando”, de vuelta a la armadura, contestar o no, pero no soy de las que piensa mucho. Dejó de sonar y le llamé yo. Una llamada, otro soporte tecnológico para una relación personal, palabras, disculpas, culpas, equilibrio y claro “el no sé quien eres Bárbara”. Soy no más, para qué adentrarse en lo otro, para qué desmenuzarme como a un poema, si no tengo ritmo, ni métrica, ni estrofas... no quiero. Tampoco sé quién es, ni qué quiere de esto, pero me gusta así, para qué intentar otra vez de la misma manera, buscando congruencias, si no las tengo, soy un volcán, soy sangre que brota fuerte, para qué encasillarme. no sé qué saldrá de esto, de esta nueva oportunidad para nuestra amistad, porque eso somos, como eso funcionamos, como amigos, más allá está el problema, cuando intentamos traspasar los ideales del otro, para convertirlos en los nuestros.tengo un amigo???.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Elegir o no Elegir





Me aburrí de la propaganda electoral, y apenas comenzó, demasiados intentos por seducir a las masas con llantos de bebés famélicos y derechos humanos trastocados durante el gobierno de Pinocho. Creo que lo único importante es lo que haces para mejorar las cosas y no lo que propones para que otros hagan. No me conformo con un “bono”, no me interesan los tratados de libre comercio, no me seducen las musiquitas en “onda”, ni lo que pueda decir Lavín para lamerle las botas a Piraña. Me preocupo por lo que harán estos hombrecillos para dar felicidad; para privilegiar la felicidad de los que educo y para tranquilizar las almas de aquellos con quienes comparto la profesión. Me preocupa que mi madre, a los sesenta y tantos reciba una pensión justa y que mis sobrinos reciban una educación de calidad, la cual debe ser entregada en el sistema estatal, ya que los privados están encargados de crear al sujeto exportable, la educación municipal es la que forma a los líderes nacionales que se quedarán. No es mi afán transformar mi feisbuk en un lugar partidista; por ende no hablaré de aquel que tiene mi voto ni de los que por ningún motivo lo obtendrán, aunque me cuestiono y me avergüenzo de la mala gestión de los medios de comunicación que reparten la franja electoral y dejan sin “publicidad” a los candidatos pequeños. Siento que si la lección que esperamos dar es de igualdad, deberían haber repartido equitativamente el tiempo de promoción.
Todos se recordarán de la Rosa de Aric, o del viejito que gritaba durante 4 segundos: ¡trabajo!, ¡trabajo!, ¡trabajo!; pero alguien recuerda la campaña de Navarro, o de la Lily Pérez, claro que no, porque estamos bombardeados de sujetos que proponen lo mismo.
Me indigna que gobierno tras gobierno los votantes nos encontremos con la difícil tarea de escoger entre el asesinato con pistola o con cuchillo, en el fondo seguiremos trabajando y levantándonos temprano para mover el engranaje social, para que los pobres continúen pobres y los ricos, cada día se hagan más pobres. Lamentablemente encontrarse en el medio, pertenecer a la clase media, no significa nada, el gobierno desatiende las necesidades de aquellos que se lavan la cara y se visten normales. El privilegio está para las señoras que no les suenan los mocos a sus hijos y para Juanito Pérez, el que trabaja a la pala, para todos aquellos chilenos acostumbrados a mendigar. No es mi caso y espero que tampoco sea el suyo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

SÓLO UNA FOTO


Cambio las palabras por un par de imágenes, paro la escritura porque a veces prefiero observar, procesar y plasmar. Dejo de lado lo que me brota para consumir del mundo algunas postales, escojo de una gran bandeja sólo lo que quiero engullir.

¡Vamos planeta!, sorpréndeme con tu sobreexposición, con tus poses obscenas y tus brillantinas en el cuerpo. Si no me lo das, lo tomaré por la fuerza, forzaré la foto tal y como quiero hacerlo hoy contigo.

Salgo a caminar por la noche y me enceguecen las luces, los letreros de moteles son mi fetiche, las luces rojas me arrancan sonrisas, alto al fuego, mi obturador se detiene y me arranca un grito delirante, tengo la foto, alcancé mi mejor foto, pero al caminar, encuentro otra mejor, sexo explícito, otro que sólo insinúa, que más da si puedo tener la foto, he conseguido la foto a cambio de un mal beso, de un mal trago, de una lengua rápida que amenaza con romper mi paladar. Inexperticia e inexperiencia, aunque podría haberme pedido más, una foto lo vale.

Soy yo la del problema, nunca he planificado nada, la vida con agenda se me hace imposible. Mientras beso veo imágenes de lo que quiero, no eres tú, soy yo, una vez más, salida por una puerta lateral.

Soy un bicho raro, lo sé, y es maravilloso serlo de noche. Hasta que te encuentras con los Mister Big de vocación, esos que se sientan a tu lado en una barra y te aconsejan, ese tipo de más de cuarenta que te habla del amor, de la seguridad, de los hijos que tiene, pero que no se deja fotografiar porque no conoce su lado bueno. De pronto me he cansado de las palabras y me lanzo por un beso, se asusta y se ríe, me pide un café para la ebriedad, yo lo llamaré obviedad, he perdido el control de mi zoom, el alcance con el que veo las cosas ha modificado su intensidad. De pronto los colores no son tan nítidos y mi vida apesta porque las imágenes no se estabilizan. Apesta realmente por que ya no uso mi cabeza.

Tuve miedo, miedo de haberme perdido por ahí, pero estoy molesta y esa molestia puede más; estoy absorta en la demencia que me provoca tener una cámara nueva y tanto mundo por absorber. Ganas de salvar causas perdidas, de encontrar por ahí el gran amor. No me siento una Bradshaw, porque la vida con un tipo maduro me resultaría agobiante, todos esos cuidados y la loca idea de arreglarme de a poco como si fuera una rota muñeca de colección que alguien ha dejado caer con alevosía. Simplemente soy yo, la que ha perdido mil batallas y tal vez está a punto de perder la guerra del amor. Sin embargo, me rindo ante tanta simpatía, le suelto el dramón venezolano, recuerdos de noches álgidas, de amores reprimidos y de un clavo atorado. Propuestas, todas decentes. Apesto, apestas, apestamos.

Nunca hables con desconocidos, esa es la primera medida precautoria que me dieron mis padres cuando pequeña, pero no sigo órdenes de nadie, no soy buena para eso, ni para esto ni para aquello.
Pero he mencionado la fotografía, soy buena en eso, en la única cosa que me resulta instintivamente, mantengo la calma para no mover la imagen, destaco el fondo y puedo equilibrar la composición en tres puntos.

Salí por fotos y regresé atorada, arrepentida de haber perdido lo que nunca tuve…la posibilidad de encontrar estabilidad. Después de vivir con un dolor crónico, con el síndrome de la muerte amenazante y con la delirante idea de vivir sola toda mi vida. He comprendido que hay personas dispuestas a compartir contigo, personas que a pesar de no conocerte te invitan un café y te pagan el regreso a casa para ti y tus fotos de ebria.

UÑAS ROJAS


Llevar las uñas rojas resulta complicado para algunas personas. Se relaciona con el estereotipo de la mujer araña, de la sensual fémina que domina la escena y que se contonea a voluntad agitando sus pestañas para captar la atención de algunos valientes.
Llevar las uñas rojas, desentona con la grisácea vida penquista, con la formalidad de las relaciones laborales y de vez en cuando con la moral religiosa.
Sin embargo llevo mis uñas rojas, como una manera de rebelarme frente a todo lo puro, frente a las verdaderas intensiones que me abordan, con el deseo reprimido de estar en los zapatos de otra, siendo otra y haciendo lo que otra.
Resulta incómodo al principio, cuando extiendes tu mano para pagar alguna deuda, o para saludar, y el ser humano que está del otro lado se hace algún perfil de ti, un marco de referencia sobre esta mujer que lleva las uñas rojas y se zarandea el pelo para todos lados. Una mujer de amplias proporciones, con visiones de mundo rojas, con uñas rojas y para colmo, algunas veces, con algún accesorio de color rojo.
Divago, claramente algo pasa de este lado del planeta, he calculado mal la dosis diaria de pensamientos y abusé. Tal vez en algunas oportunidades las mujeres de uñas rojas no alcancen tanta seguridad como se cree, somos más del tipo de personas que se enfundan en algún camuflaje externo para esconder lo que por dentro se nos torna gris.
Demasiada estabilidad no es sinónimo de felicidad, de vez en cuando es necesario subir a alguna montaña rusa, vivir de manera alocada, tirarle piedras a los vehículos que circulan bajo el puente y matar….darle justo a ese sentimiento ajeno, a esa imagen borrosa de ti, que te sacude y te deja distinto.
Nada personal, es más bien un cúmulo de cosas que no se relacionan contigo, una secuencia fotográfica de ti misma pero ausente, ver tus ojos llorosos por algo que no te está pasando a ti y centrar tu atención en tus dedos que si son tuyos, en las uñas de tus dedos que se tiñen de rojo para demostrarte que todavía te queda algo.

martes, 13 de octubre de 2009

Leve, pero crónico.


Concepción me hace feliz. Conce, mi ciudad, me divierte y me muestra cosas que no había visto antes de mí, ni de los demás. Un ejemplo de esto es la plaza de la independencia, siempre nueva, con alguna sensación nueva, gente nueva y ahora con el sistema de agua nuevo, ineficiente, pero nuevo al fin.

También he conocido lugares, personas, olores y sabores nuevos como el helado de manjar con nuez, que siempre me había rehusado a probar, tal vez por pendejería al ver que todas las minas lo comían. Lugares como un bar con buena decoración, con buena atención, pero con ese dejo familiar que tanto me exaspera. Olores como las rosas moradas, que concentran mejor el olor que las otras rosas.

Intento equilibrar la balanza y por ende mi propia vida, para ver si de una vez por todas logro encontrar el siguiente escalón, ese, como del comercial de Pepsi, pero sin pasar a llevar a nadie. Claro está que mi meta no se reduce a una simple guitarra eléctrica, ni a un micrófono. Ya que en mi caso, no sé que busco. La novedad del año -dijo mi hermano-, en una conversación que amenazaba con ser seria, de hecho tiene razón en la base, pero sus comentarios no me gustan, no se supone que la familia debe querernos tal y como somos, más bien, como he dicho antes, amarnos a pesar de lo que somos, de lo terribles que somos. Los juicios insidiosos como de talk show gringo, a la usanza de Oprah (la negrita simpaticona) están de más.

Conce tiene “eso”, la sensación de ser un lugar en el límite entre lo cosmopolita y lo rústico. El límite entre el puterío y lo sacro. El límite entre el mariconeo y el heterosexualismo. Cada cual elige su tendencia, cada uno despierta abrazado a lo que quiere, total no hay tele, no hay SQP, no hay farándula.

Hoy me he quejado del amor, me he hartado del amor tal como lo conocía, me presento a un nuevo casting en que se necesitan personas dispuestas a generar nuevas cosas, a promover nuevas sensaciones, new sensation, como dice la canción, una mezcla entre vodka y sudor, entre labios y cerezas color vino tinto. Un conjunto de pieles y humo. Qué se yo de aquello, qué espero de todo eso, qué espero de mi Conce querido, nada, sólo que todo lo anterior me pase aquí, justo aquí. Esto sería equivalente a hacer el amor en la cama de los padres con tu vecino flaite o a manipular la pistola del padre, tomarse los tranquilizantes de mamá con el whisky importado del hermano grande. Cosas extrañas en una mente que ha comenzado su fase terminal, pero que quiere su ciudad, que la camina, que la fotografía, que la besa.

Pero volviendo a Conce, siento que ha comenzado a envejecer, a tejer como las viejitas en el invierno, a tomar aguardiente con café como los jubilados, ya no me acompaña como yo quisiera, no hay gente espirituosa, ni hombres jugados, falta el punch como diría Checho Lagos, falta un amor violento como la canción de Los Tres. Falta equivocarse y disfrutarlo, trabajar no significa dejar de vagar, no significa sentar la cabeza, sino agitarla, total para eso hay dinero, para destapar botellas y agitar traseros.

He perdido la seriedad, he dejado de pertenecer a la fuerza racional de este país. Padres y apoderados, exijan que esta loca deje de educar a sus hijos, por el bien de las futuras generaciones de momios sentimentales.