Llevar las uñas rojas resulta complicado para algunas personas. Se relaciona con el estereotipo de la mujer araña, de la sensual fémina que domina la escena y que se contonea a voluntad agitando sus pestañas para captar la atención de algunos valientes.
Llevar las uñas rojas, desentona con la grisácea vida penquista, con la formalidad de las relaciones laborales y de vez en cuando con la moral religiosa.
Sin embargo llevo mis uñas rojas, como una manera de rebelarme frente a todo lo puro, frente a las verdaderas intensiones que me abordan, con el deseo reprimido de estar en los zapatos de otra, siendo otra y haciendo lo que otra.
Resulta incómodo al principio, cuando extiendes tu mano para pagar alguna deuda, o para saludar, y el ser humano que está del otro lado se hace algún perfil de ti, un marco de referencia sobre esta mujer que lleva las uñas rojas y se zarandea el pelo para todos lados. Una mujer de amplias proporciones, con visiones de mundo rojas, con uñas rojas y para colmo, algunas veces, con algún accesorio de color rojo.
Divago, claramente algo pasa de este lado del planeta, he calculado mal la dosis diaria de pensamientos y abusé. Tal vez en algunas oportunidades las mujeres de uñas rojas no alcancen tanta seguridad como se cree, somos más del tipo de personas que se enfundan en algún camuflaje externo para esconder lo que por dentro se nos torna gris.
Demasiada estabilidad no es sinónimo de felicidad, de vez en cuando es necesario subir a alguna montaña rusa, vivir de manera alocada, tirarle piedras a los vehículos que circulan bajo el puente y matar….darle justo a ese sentimiento ajeno, a esa imagen borrosa de ti, que te sacude y te deja distinto.
Nada personal, es más bien un cúmulo de cosas que no se relacionan contigo, una secuencia fotográfica de ti misma pero ausente, ver tus ojos llorosos por algo que no te está pasando a ti y centrar tu atención en tus dedos que si son tuyos, en las uñas de tus dedos que se tiñen de rojo para demostrarte que todavía te queda algo.
Llevar las uñas rojas, desentona con la grisácea vida penquista, con la formalidad de las relaciones laborales y de vez en cuando con la moral religiosa.
Sin embargo llevo mis uñas rojas, como una manera de rebelarme frente a todo lo puro, frente a las verdaderas intensiones que me abordan, con el deseo reprimido de estar en los zapatos de otra, siendo otra y haciendo lo que otra.
Resulta incómodo al principio, cuando extiendes tu mano para pagar alguna deuda, o para saludar, y el ser humano que está del otro lado se hace algún perfil de ti, un marco de referencia sobre esta mujer que lleva las uñas rojas y se zarandea el pelo para todos lados. Una mujer de amplias proporciones, con visiones de mundo rojas, con uñas rojas y para colmo, algunas veces, con algún accesorio de color rojo.
Divago, claramente algo pasa de este lado del planeta, he calculado mal la dosis diaria de pensamientos y abusé. Tal vez en algunas oportunidades las mujeres de uñas rojas no alcancen tanta seguridad como se cree, somos más del tipo de personas que se enfundan en algún camuflaje externo para esconder lo que por dentro se nos torna gris.
Demasiada estabilidad no es sinónimo de felicidad, de vez en cuando es necesario subir a alguna montaña rusa, vivir de manera alocada, tirarle piedras a los vehículos que circulan bajo el puente y matar….darle justo a ese sentimiento ajeno, a esa imagen borrosa de ti, que te sacude y te deja distinto.
Nada personal, es más bien un cúmulo de cosas que no se relacionan contigo, una secuencia fotográfica de ti misma pero ausente, ver tus ojos llorosos por algo que no te está pasando a ti y centrar tu atención en tus dedos que si son tuyos, en las uñas de tus dedos que se tiñen de rojo para demostrarte que todavía te queda algo.
es sumamente confuao sentir arrogancia y a la vez inseguridad.. ya q sabemos q no solo por teñirnos las uñas o llevar incluso hasta los labios d rojo somos tan segura y estable como parecemos!
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