domingo, 8 de noviembre de 2009

SÓLO UNA FOTO


Cambio las palabras por un par de imágenes, paro la escritura porque a veces prefiero observar, procesar y plasmar. Dejo de lado lo que me brota para consumir del mundo algunas postales, escojo de una gran bandeja sólo lo que quiero engullir.

¡Vamos planeta!, sorpréndeme con tu sobreexposición, con tus poses obscenas y tus brillantinas en el cuerpo. Si no me lo das, lo tomaré por la fuerza, forzaré la foto tal y como quiero hacerlo hoy contigo.

Salgo a caminar por la noche y me enceguecen las luces, los letreros de moteles son mi fetiche, las luces rojas me arrancan sonrisas, alto al fuego, mi obturador se detiene y me arranca un grito delirante, tengo la foto, alcancé mi mejor foto, pero al caminar, encuentro otra mejor, sexo explícito, otro que sólo insinúa, que más da si puedo tener la foto, he conseguido la foto a cambio de un mal beso, de un mal trago, de una lengua rápida que amenaza con romper mi paladar. Inexperticia e inexperiencia, aunque podría haberme pedido más, una foto lo vale.

Soy yo la del problema, nunca he planificado nada, la vida con agenda se me hace imposible. Mientras beso veo imágenes de lo que quiero, no eres tú, soy yo, una vez más, salida por una puerta lateral.

Soy un bicho raro, lo sé, y es maravilloso serlo de noche. Hasta que te encuentras con los Mister Big de vocación, esos que se sientan a tu lado en una barra y te aconsejan, ese tipo de más de cuarenta que te habla del amor, de la seguridad, de los hijos que tiene, pero que no se deja fotografiar porque no conoce su lado bueno. De pronto me he cansado de las palabras y me lanzo por un beso, se asusta y se ríe, me pide un café para la ebriedad, yo lo llamaré obviedad, he perdido el control de mi zoom, el alcance con el que veo las cosas ha modificado su intensidad. De pronto los colores no son tan nítidos y mi vida apesta porque las imágenes no se estabilizan. Apesta realmente por que ya no uso mi cabeza.

Tuve miedo, miedo de haberme perdido por ahí, pero estoy molesta y esa molestia puede más; estoy absorta en la demencia que me provoca tener una cámara nueva y tanto mundo por absorber. Ganas de salvar causas perdidas, de encontrar por ahí el gran amor. No me siento una Bradshaw, porque la vida con un tipo maduro me resultaría agobiante, todos esos cuidados y la loca idea de arreglarme de a poco como si fuera una rota muñeca de colección que alguien ha dejado caer con alevosía. Simplemente soy yo, la que ha perdido mil batallas y tal vez está a punto de perder la guerra del amor. Sin embargo, me rindo ante tanta simpatía, le suelto el dramón venezolano, recuerdos de noches álgidas, de amores reprimidos y de un clavo atorado. Propuestas, todas decentes. Apesto, apestas, apestamos.

Nunca hables con desconocidos, esa es la primera medida precautoria que me dieron mis padres cuando pequeña, pero no sigo órdenes de nadie, no soy buena para eso, ni para esto ni para aquello.
Pero he mencionado la fotografía, soy buena en eso, en la única cosa que me resulta instintivamente, mantengo la calma para no mover la imagen, destaco el fondo y puedo equilibrar la composición en tres puntos.

Salí por fotos y regresé atorada, arrepentida de haber perdido lo que nunca tuve…la posibilidad de encontrar estabilidad. Después de vivir con un dolor crónico, con el síndrome de la muerte amenazante y con la delirante idea de vivir sola toda mi vida. He comprendido que hay personas dispuestas a compartir contigo, personas que a pesar de no conocerte te invitan un café y te pagan el regreso a casa para ti y tus fotos de ebria.

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