Siempre pensé que el hombre de mi vida iba a aparecer despampanante en un día de lluvia con una sonrisa grande y dientes perfectos. Con su espalda ancha y un perfume de aquellos con notas amaderadas. Imaginé que me agarraría fuerte, mientras mi paraguas se volaba y mis tacos resbalaban.
Pero no, el hombre de mi vida no apareció así, lo vi en una tienda de ropa americana comprando pantalones de gabardina a $1990. Lo seguí, amiga te confieso que por eso estuvimos tanto tiempo revolviendo las poleras, porque era bello, un hombre muy guapo e interesante, con su bolso negro y su camisa blanca, zapatos café. No sé su nombre, pero debe haber sido un Roberto o un Manuel. Lo qué más me llamó la atención fue un pequeño tatuaje, una runa que vi en su cuello cuando se agachó a recoger un pantalón. El tipo era perfecto. Me dio verguenza seguirlo tan fijamente, incluso lo esperé a la salida de los probadores mientras marjorie me preguntaba cómo le quedaba su polera del osito. Y de repente abre la cortina verde y me queda viendo, me sonrojé y corrí al final de la Meicy's a buscar pantalones.
Fue inevitable no pensar en él, no proyectarme con él mientras buscaba un jeans decente. Pensé en cómo sería besarlo, caminar con él o jugar con sus crespos oscuros. Como sea, volví al cajón de las poleras y ahí estaba de nuevo, inseguro, prepotente, insistente, tenía que encontrar el pantalón perfecto. otra mirada, una sonrisa, este o este, (distintos pantalones en el mismo tono) apunté al de la derecha. Un gracias con su voz perfecta...supe que no lo vería más. Podría mentir y decir que nos dimos los números, que quedamos en vernos para tomar un jugo, podría decir que lo besé y corrí; pero no, tan sólo apunté con el dedo y le dije chao. Ese es amor a primera vista?.
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