Cuenta la historia, que los dioses griegos del Olimpo se aburrían mucho, por tal motivo crearon al hombre. Sin embargo todavía se aburrían, por esto crearon el amor, entonces vieron que ya no sea aburrían y quisieron practicarlo también ellos. Se dieron cuenta de que no era fácil jugar al amor, por eso inventaron la risa, como una manera de olvidar las penas de amor.
Qué difícil es para nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso jugar a querer, aceptar las reglas de los dioses ociosos de un lugar lejano. Está historia, contradice a cupido, aquí no se habla de flechas ni de angelitos a poto pelado, sino que se nos habla de un juego macabro y ocioso de las deidades olímpicas, las cuales hicieron del hombre un artefacto amatorio.
Ahora bien, me pregunto si los dioses eran conscientes del regalo que les otorgaban a los hombres, cada uno de nosotros ha recibido su porción de amor sin pedirla y sin luchar por ella, amores sufridos, amores ingenuos, locuras de amor, pero cada uno de nosotros ha tenido algún ápice de amor en sus vidas.
Sin embargo me propongo investigar cuándo se está realmente enamorado, o es que es tan delgada la línea que no nos damos cuenta cuando la cruzamos. Es como una maratón que se corre, que se lucha por ganar, pero que no nos damos cuenta donde está la meta. Cuál es la meta del amor, conquistar a alguien, conquistar la cama de alguien o ser presentados por alguien como el Oficial. En mi humilde opinión, en el amor la meta es eterna y uno bueno, se cansa de correr y deja la carrera tirada donde sea. No se puede tirar eternamente de un elástico que al final terminará rompiéndose.
Otra de las preguntas que me hago es cuándo el amor deja de ser trivial para convertirse en verdadero, hay algún momento perfecto que destaque por sobre los otros y que nos enfrente al hombre que amamos limpiamente, sin intereses y sin caretas. Puede que sea un día cualquiera, el cual si miramos un par de años atrás destaque por sobre los otros, simplemente porque sí.
Simplemente esto del amor es muy difícil, cada uno se enfrenta a él de manera diferente, a veces de lleno y otras parcialmente, confinando al amor a un proceso que se ejecuta en segundo plano. Otros viven para el amor, lo cuestionan, lo amasan, lo manosean, se lo explican y se engañan.
Momentos felices hay muchos, el amor es un cúmulo de emociones que nos hace libres, que no deja espació para otras cosas, ya que la sola idea de pensar que queremos nos vuelve adictos al otro.
Sólo me resta decir que el amor no es invento nuestro, nosotros somos simples marionetas que los dioses mueven para entretenerse y para reírse.
Qué difícil es para nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso jugar a querer, aceptar las reglas de los dioses ociosos de un lugar lejano. Está historia, contradice a cupido, aquí no se habla de flechas ni de angelitos a poto pelado, sino que se nos habla de un juego macabro y ocioso de las deidades olímpicas, las cuales hicieron del hombre un artefacto amatorio.
Ahora bien, me pregunto si los dioses eran conscientes del regalo que les otorgaban a los hombres, cada uno de nosotros ha recibido su porción de amor sin pedirla y sin luchar por ella, amores sufridos, amores ingenuos, locuras de amor, pero cada uno de nosotros ha tenido algún ápice de amor en sus vidas.
Sin embargo me propongo investigar cuándo se está realmente enamorado, o es que es tan delgada la línea que no nos damos cuenta cuando la cruzamos. Es como una maratón que se corre, que se lucha por ganar, pero que no nos damos cuenta donde está la meta. Cuál es la meta del amor, conquistar a alguien, conquistar la cama de alguien o ser presentados por alguien como el Oficial. En mi humilde opinión, en el amor la meta es eterna y uno bueno, se cansa de correr y deja la carrera tirada donde sea. No se puede tirar eternamente de un elástico que al final terminará rompiéndose.
Otra de las preguntas que me hago es cuándo el amor deja de ser trivial para convertirse en verdadero, hay algún momento perfecto que destaque por sobre los otros y que nos enfrente al hombre que amamos limpiamente, sin intereses y sin caretas. Puede que sea un día cualquiera, el cual si miramos un par de años atrás destaque por sobre los otros, simplemente porque sí.
Simplemente esto del amor es muy difícil, cada uno se enfrenta a él de manera diferente, a veces de lleno y otras parcialmente, confinando al amor a un proceso que se ejecuta en segundo plano. Otros viven para el amor, lo cuestionan, lo amasan, lo manosean, se lo explican y se engañan.
Momentos felices hay muchos, el amor es un cúmulo de emociones que nos hace libres, que no deja espació para otras cosas, ya que la sola idea de pensar que queremos nos vuelve adictos al otro.
Sólo me resta decir que el amor no es invento nuestro, nosotros somos simples marionetas que los dioses mueven para entretenerse y para reírse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario