Una noche cualquiera, una mujer cualquiera y un tipo cualquiera se entrelazan en las calles de una ciudad cualquiera. El tipo lleva en la mano un cigarro cualquiera, se lo acerca a la boca y lanza una bocanada de humo. Ella, piensa en cosas sin sentido, busca las llaves en una cartera negra, mientras con la otra mano se acomoda los cabellos que se le han ido a la boca. Ninguno de los dos se ha percatado de nada, ni de la presencia del otro, ni del olor del humo, ni del tintineo de las llaves. Cada uno de ellos va absorto en su propia vida, llenos de lo que no son y vacíos de contacto con otros. Él, un tipo filósofo, de esos que se pasan la vida reflexionando sobre el aire, sobre la evolución de la especie, un tanto insatisfecho, lleno de dudas y de carencias. Ella, una mujer interesante, algo resentida, llena de recuerdos y de planes, llena de pasado y de futuro, pero sin un presente cómodo en el que pueda descansar.
Cada uno frecuenta lugares distintos; ella asidua a los bares; él, adicto a los parques. Ella bebe, él camina. Ella gasta, él ahorra.Ambos comparten el gusto por la lectura, ambos se pasan el tiempo libre, y el ocupado, en buscar buenos libros que acompañen sus horas muertas. Ella, asidua a los latinoamericanos, él, seducido por la elegancia de los franceses. Ella elige como siempre a García Márquez,mira el nuevo volumen que agregará a su colección como el bien más preciado que posee. Él se deja llevar por el empaste de Montaigne, por el olor a tierras extrañas. Ambos compran y se van, ambos se han cruzado una vez más y no se han percatado. Ella, abandona el lugar con el anhelo de un buen vino tinto, él con antojos de un café caliente. Qué perfectos se ven ambos, sólo con una mirada podrían cambiar su mundo, pero no, ninguno ha mirado al otro, ni siquiera se han tomado la molestia de mirar cuando se ha caído un pesado libraco.
Cómo hacerles saber que están predestinados, cómo decirles que ambos serán felices cuando se conozcan. Cómo coartarles la libertad de elegirse, no diré nada, no me molestaré en presentarlos, es hermoso escuchar a las parejas decir...por qué no nos conocimos antes.
Cada uno frecuenta lugares distintos; ella asidua a los bares; él, adicto a los parques. Ella bebe, él camina. Ella gasta, él ahorra.Ambos comparten el gusto por la lectura, ambos se pasan el tiempo libre, y el ocupado, en buscar buenos libros que acompañen sus horas muertas. Ella, asidua a los latinoamericanos, él, seducido por la elegancia de los franceses. Ella elige como siempre a García Márquez,mira el nuevo volumen que agregará a su colección como el bien más preciado que posee. Él se deja llevar por el empaste de Montaigne, por el olor a tierras extrañas. Ambos compran y se van, ambos se han cruzado una vez más y no se han percatado. Ella, abandona el lugar con el anhelo de un buen vino tinto, él con antojos de un café caliente. Qué perfectos se ven ambos, sólo con una mirada podrían cambiar su mundo, pero no, ninguno ha mirado al otro, ni siquiera se han tomado la molestia de mirar cuando se ha caído un pesado libraco.
Cómo hacerles saber que están predestinados, cómo decirles que ambos serán felices cuando se conozcan. Cómo coartarles la libertad de elegirse, no diré nada, no me molestaré en presentarlos, es hermoso escuchar a las parejas decir...por qué no nos conocimos antes.
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