Mi alojamiento en Valparaiso era casi perfecto, una casona antigua, con un gran baño, una cocina equipada a mi gusto...sólo un detalle me molestaba y era la vista. Mi dormitorio no daba al mar, tampoco a los cerros, sólo veía una bodega vieja y un trozo del congreso nacional. Luego de aplanar por horas las calles, sacando fotos y hablando muy poco (porque Valpo me enmudece), el sueño y el cansancio me vencieron. Desperté tarde, con el molesto frío Porteño en la piel y una extraña luz en la bodega, que prendía y apagaba cada vez que los señores de los carritos guardaban su mercadería.
Pensé mucho en la constancia de la luz, en cómo lo iluminaba todo cada vez que alguien sin afán de ser iluminado entraba en el recinto, alguien olvidado rápidamente por los turistas, valorado momentáneamente por el humano con hambre de sopaipillas. Alguien poco agraciado que, de cierta manera, desentona con la belleza del lugar.
Los humanos también poseemos sensores, sensores de movimiento. Acaso no nos echamos atrás cada vez que alguien que no queremos se nos acerca, acaso nuestros ojos no iluminan descaradamente a los sujetos que nos gustan, acaso no sudamos y temblamos cuando nos tocan el punto sensible.
Mirando la luz, en silencio, empapada de todo lo que me gusta, imágenes de otros tiempos vinieron a mi mente. Deshilvané teorías, abandoné sentimientos, dejé bruscamente de sentir, mi luz se apagó. Descansé de una vida pasada, pero eso sólo me compete a mí.
Ya no soy la misma, ni quiero serlo, ya no hay fidelidad, tampoco espera, porque de algo estoy segura la magia la hago yo. Ahora sé, que cada vez que pases por mi lado, el sensor no prenderá.
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sábado, 25 de julio de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Barman Porteños (Parte I)
La búsqueda del verdadero amor es un complejo panorama. Hay personas que pasan toda su vida probando, buscando, esperando a ese sujeto o sujeta que los haga pensarse distintos, que los haga sentirse elevados por los aires y que a su lado todo sea mejor.
Amores a primera vista he tenido muchos. Amor a primera palabra también he tenido. Pero este amor es especial, porque nace con el primer sorbo de un pisco sour, nace de la experiencia vicaria de sentirme hielo, de entrar en una coctelera y ser agitada con energía, pero con la delicadeza típica del amor que siempre he esperado.El hielo no desaparece, se funde en un delicado abrazo alcohólico, pasional, en que todos los ingredientes se desarman en beneficio de un todo. Sentir, con todos los puntos de tu cuerpo, como el alcohol toma posición privilegiada.Te dosificas en la medida exacta, sin malos cálculos que te hagan vomitar, que te provoquen una mala resaca y por consiguiente renegar del amor. Descansas en las melodías del Blues, pero técnicamente tu mente viaja, te proyectas, te robas y capturas el instante mágico en que tu lengua saboreó el beso, el mágico beso del azúcar y el limón en el borde del vaso.
El mejor trago de mi vida, el mejor de mi vida en Valpo. El amor nos hace valientes o a veces las compañías nos hacen pensar más rápido que de costumbre, Run Bárbara Run, this is the slogan. Primera palabra, tantear el terreno, eres o no eres, habilidad manual, paciencia para el arte etílico, manos bellas, brazos firmes,ojos que brillan ante el primer piropo sureño. Halagos, nervios, tragos derramados. Es así el amor, torpeza y perfección. Mi barman de pocas palabras, pero grandes obras. Te debo mi mejor instante y tal vez sí, me sentí mojito, me sentí piña colada, me sentí cuba libre...pero nada se compara al primer sorbo de mi mágico sour.
Y hoy, que recuerdo de a poco, recién con los ojos abiertos, trato de procesar instantes mágicos. He amanecido con el recuerdo de tu nombre, con el olor de tu perfume y sí, con el pisco sour en mis labios.
Amores a primera vista he tenido muchos. Amor a primera palabra también he tenido. Pero este amor es especial, porque nace con el primer sorbo de un pisco sour, nace de la experiencia vicaria de sentirme hielo, de entrar en una coctelera y ser agitada con energía, pero con la delicadeza típica del amor que siempre he esperado.El hielo no desaparece, se funde en un delicado abrazo alcohólico, pasional, en que todos los ingredientes se desarman en beneficio de un todo. Sentir, con todos los puntos de tu cuerpo, como el alcohol toma posición privilegiada.Te dosificas en la medida exacta, sin malos cálculos que te hagan vomitar, que te provoquen una mala resaca y por consiguiente renegar del amor. Descansas en las melodías del Blues, pero técnicamente tu mente viaja, te proyectas, te robas y capturas el instante mágico en que tu lengua saboreó el beso, el mágico beso del azúcar y el limón en el borde del vaso.
El mejor trago de mi vida, el mejor de mi vida en Valpo. El amor nos hace valientes o a veces las compañías nos hacen pensar más rápido que de costumbre, Run Bárbara Run, this is the slogan. Primera palabra, tantear el terreno, eres o no eres, habilidad manual, paciencia para el arte etílico, manos bellas, brazos firmes,ojos que brillan ante el primer piropo sureño. Halagos, nervios, tragos derramados. Es así el amor, torpeza y perfección. Mi barman de pocas palabras, pero grandes obras. Te debo mi mejor instante y tal vez sí, me sentí mojito, me sentí piña colada, me sentí cuba libre...pero nada se compara al primer sorbo de mi mágico sour.
Y hoy, que recuerdo de a poco, recién con los ojos abiertos, trato de procesar instantes mágicos. He amanecido con el recuerdo de tu nombre, con el olor de tu perfume y sí, con el pisco sour en mis labios.
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