Cuándo comienza la verdadera intimidad. Es acaso cuando nos desvestimos por primera vez frente a un extraño, o es más simple y comienza cuando nos besamos las mejillas en el primer encuentro. Tal vez comienza con el primer pensamiento, cuando dejamos de meditar en lo nuestro para entender lo del otro.
Pienso en cuán íntimos podemos llegar a ser, cuán abiertos, para dejar que otro ente en nuestra vida. Para algunos se trata de abrir la cama, otros abrirán las piernas y los más reservados abrirán su vida. Es que por algo se empieza, desnudando la vida, para terminar desnudando hasta el alma. No hablo de aquella intimidad televisiva, sino de la que nosotros, como simples terrícolas en estado natural, podemos mostrar. Porque está claro que cuando chicos no lo aprendemos, ni siquiera cuando nuestra madre nos prohíbe mostrar el "popo" o dejar que la tía nos toque "ahí".
Crecer no es un proceso fácil, una muestra de aquello es la depilación, aunque mi postulado va más allá, cuando uno está grande y se propone formar los famosos círculos de amigos, también se hace una idea de lo que quiere compartir, vamos tanteando hasta donde es conveniente decir, cómo lo tomaron. Cuál fue la reacción ante la estupidez que pronunciamos involuntariamente. A la larga encontramos a ese mejor amigo o amiga que es capaz de entenderlo todo, al menos aparentemente.
Luego conocemos un otro que nos atrae y que con el tiempo amamos cada vez más, con ese otro el concepto de intimidad se amplia, incluso más allá de las barreras físicas. Confieso que me llama la atención ver como las parejas se interrumpen para completar la frase del otro, porque tal vez la sincronización íntima es tremenda.
Sin embargo, luego de haber dicho lo anterior, para mí la intimidad es inagotable, no basta con que el otro nos conozca en el baño, con los kilos de más, con los malos olores, despeinados, con el maquillaje corrido, enfermos, idiotas, con mal aliento, con un mal corte de cabello, sin la ropa interior adecuada. Porque se trata de que otro ajeno se apodere de tu historia, que se ponga al tanto de lo que te duele y de lo que te gusta. Que se sorprenda con tus cambios, con tus nuevas elecciones. Que te quiera a pesar de lo (malo) que eres. Que te lleve a su mundo y seas capaz de disfrutarlo como si fuera el tuyo, que te acompañe en silencio, que te hable cuando lloras, que te contenga, que apriete ahí donde explotas, que sepa tus puntos débiles y los álgidos. Que se burle de tus berrinches y llore cuando estés triste. A ese otro, íntimo también, no hace falta que le pidas que te ame, porque lo hace involuntariamente, otro íntimo que a pesar de comerse el mundo, siempre será tuyo.
Pienso en cuán íntimos podemos llegar a ser, cuán abiertos, para dejar que otro ente en nuestra vida. Para algunos se trata de abrir la cama, otros abrirán las piernas y los más reservados abrirán su vida. Es que por algo se empieza, desnudando la vida, para terminar desnudando hasta el alma. No hablo de aquella intimidad televisiva, sino de la que nosotros, como simples terrícolas en estado natural, podemos mostrar. Porque está claro que cuando chicos no lo aprendemos, ni siquiera cuando nuestra madre nos prohíbe mostrar el "popo" o dejar que la tía nos toque "ahí".
Crecer no es un proceso fácil, una muestra de aquello es la depilación, aunque mi postulado va más allá, cuando uno está grande y se propone formar los famosos círculos de amigos, también se hace una idea de lo que quiere compartir, vamos tanteando hasta donde es conveniente decir, cómo lo tomaron. Cuál fue la reacción ante la estupidez que pronunciamos involuntariamente. A la larga encontramos a ese mejor amigo o amiga que es capaz de entenderlo todo, al menos aparentemente.
Luego conocemos un otro que nos atrae y que con el tiempo amamos cada vez más, con ese otro el concepto de intimidad se amplia, incluso más allá de las barreras físicas. Confieso que me llama la atención ver como las parejas se interrumpen para completar la frase del otro, porque tal vez la sincronización íntima es tremenda.
Sin embargo, luego de haber dicho lo anterior, para mí la intimidad es inagotable, no basta con que el otro nos conozca en el baño, con los kilos de más, con los malos olores, despeinados, con el maquillaje corrido, enfermos, idiotas, con mal aliento, con un mal corte de cabello, sin la ropa interior adecuada. Porque se trata de que otro ajeno se apodere de tu historia, que se ponga al tanto de lo que te duele y de lo que te gusta. Que se sorprenda con tus cambios, con tus nuevas elecciones. Que te quiera a pesar de lo (malo) que eres. Que te lleve a su mundo y seas capaz de disfrutarlo como si fuera el tuyo, que te acompañe en silencio, que te hable cuando lloras, que te contenga, que apriete ahí donde explotas, que sepa tus puntos débiles y los álgidos. Que se burle de tus berrinches y llore cuando estés triste. A ese otro, íntimo también, no hace falta que le pidas que te ame, porque lo hace involuntariamente, otro íntimo que a pesar de comerse el mundo, siempre será tuyo.
LuZ :)
ResponderEliminarGracias, no sabes cuánta falta me hace la luz.
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