sábado, 20 de junio de 2009

Damiselas en peligro

Hace poco tuve la mala suerte de enfermarme. La verdad es que podía hacerlo sin problemas, ya se acabó la universidad y la cesantía forzada me sienta de maravillas a la hora de las licencias. La cosa es que han aparecido de golpe aquellas personas que he dejado de ver hace mucho , personas que han coprotagonizado mi vida por un lapso de tiempo. Gente que sin amar he querido para mí, pero que a la larga me han dejado un mal sabor de boca.
Hombres que responden al ideal de la damisela en peligro. Seres que se alejaron porque justamente la autosuficiencia extrema de esta servidora les causaba molestias. Yo me pregunto, en qué cambia la situación. Por qué les resulta atractivo el estereotipo de la mujercita desprotegida,será que tanta testosterona les gobierna el cerebro y les impulsa a utilizar el mazo de tarzán. Osea Yo hombre y tu mujer.
Desde pequeña he sido bien independiente, y me cuesta "dejarme querer", la igualdad de géneros en el sentido de las capacidades me parece fabulosa. No estoy con aquellas que han hecho manda para que les crezca un pene; pero sí considero que hay cosas que podemos hacer igual o mejor que un hombre. Seamos realistas chiquillos. Bárbara hay una sola, y va a seguir siendo igual, aunque tenga una pechuga menos o una pata coja. Si buscan una damisela en peligro, han equivocado el rumbo.

lunes, 16 de marzo de 2009

Mi galán de ropa usada

Siempre pensé que el hombre de mi vida iba a aparecer despampanante en un día de lluvia con una sonrisa grande y dientes perfectos. Con su espalda ancha y un perfume de aquellos con notas amaderadas. Imaginé que me agarraría fuerte, mientras mi paraguas se volaba y mis tacos resbalaban.
Pero no, el hombre de mi vida no apareció así, lo vi en una tienda de ropa americana comprando pantalones de gabardina a $1990. Lo seguí, amiga te confieso que por eso estuvimos tanto tiempo revolviendo las poleras, porque era bello, un hombre muy guapo e interesante, con su bolso negro y su camisa blanca, zapatos café. No sé su nombre, pero debe haber sido un Roberto o un Manuel. Lo qué más me llamó la atención fue un pequeño tatuaje, una runa que vi en su cuello cuando se agachó a recoger un pantalón. El tipo era perfecto. Me dio verguenza seguirlo tan fijamente, incluso lo esperé a la salida de los probadores mientras marjorie me preguntaba cómo le quedaba su polera del osito. Y de repente abre la cortina verde y me queda viendo, me sonrojé y corrí al final de la Meicy's a buscar pantalones.
Fue inevitable no pensar en él, no proyectarme con él mientras buscaba un jeans decente. Pensé en cómo sería besarlo, caminar con él o jugar con sus crespos oscuros. Como sea, volví al cajón de las poleras y ahí estaba de nuevo, inseguro, prepotente, insistente, tenía que encontrar el pantalón perfecto. otra mirada, una sonrisa, este o este, (distintos pantalones en el mismo tono) apunté al de la derecha. Un gracias con su voz perfecta...supe que no lo vería más. Podría mentir y decir que nos dimos los números, que quedamos en vernos para tomar un jugo, podría decir que lo besé y corrí; pero no, tan sólo apunté con el dedo y le dije chao. Ese es amor a primera vista?.

Mi primera Propuesta de matrimonio

Desperté abruptamente cuando un par de ojitos cafés me miraban fijamente. No sé desde cuando me miraban, pero debe haber sido harto. Lo miré también y le sonreí, me abrazó firme y lloró.
Bárbara: por qué lloras
Anibal: porque te quiero mucho tía, de aquí a mi colegio (una distancia de más o menos veinte minutos en auto) y no quiero que te murai nunca.
Bárbara: por qué me quieres tanto
Anibal: porque sí, porque me cocinai chupetes de azúcar y me haci burbujas con el jabón de la mama, porque me llevai a los dinosabrios y tiramos piedras a la laguna.
Bárbara: y por eso me quieres
Anibal: sí y cuando sea grande me voy a casar contigo tía y vamos a comer muchos chupetes de azúcar
Bárbara: Anibal los tíos y los sobrinos no pueden casarse porque eso es incesto
Anibal: no me importan los incestos, mi mamá tiene repelente para que no nos piquen.

Plop.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Encuentros desafortunados

Una noche cualquiera, una mujer cualquiera y un tipo cualquiera se entrelazan en las calles de una ciudad cualquiera. El tipo lleva en la mano un cigarro cualquiera, se lo acerca a la boca y lanza una bocanada de humo. Ella, piensa en cosas sin sentido, busca las llaves en una cartera negra, mientras con la otra mano se acomoda los cabellos que se le han ido a la boca. Ninguno de los dos se ha percatado de nada, ni de la presencia del otro, ni del olor del humo, ni del tintineo de las llaves. Cada uno de ellos va absorto en su propia vida, llenos de lo que no son y vacíos de contacto con otros. Él, un tipo filósofo, de esos que se pasan la vida reflexionando sobre el aire, sobre la evolución de la especie, un tanto insatisfecho, lleno de dudas y de carencias. Ella, una mujer interesante, algo resentida, llena de recuerdos y de planes, llena de pasado y de futuro, pero sin un presente cómodo en el que pueda descansar.
Cada uno frecuenta lugares distintos; ella asidua a los bares; él, adicto a los parques. Ella bebe, él camina. Ella gasta, él ahorra.Ambos comparten el gusto por la lectura, ambos se pasan el tiempo libre, y el ocupado, en buscar buenos libros que acompañen sus horas muertas. Ella, asidua a los latinoamericanos, él, seducido por la elegancia de los franceses. Ella elige como siempre a García Márquez,mira el nuevo volumen que agregará a su colección como el bien más preciado que posee. Él se deja llevar por el empaste de Montaigne, por el olor a tierras extrañas. Ambos compran y se van, ambos se han cruzado una vez más y no se han percatado. Ella, abandona el lugar con el anhelo de un buen vino tinto, él con antojos de un café caliente. Qué perfectos se ven ambos, sólo con una mirada podrían cambiar su mundo, pero no, ninguno ha mirado al otro, ni siquiera se han tomado la molestia de mirar cuando se ha caído un pesado libraco.
Cómo hacerles saber que están predestinados, cómo decirles que ambos serán felices cuando se conozcan. Cómo coartarles la libertad de elegirse, no diré nada, no me molestaré en presentarlos, es hermoso escuchar a las parejas decir...por qué no nos conocimos antes.

No es invensión nuestra.

Cuenta la historia, que los dioses griegos del Olimpo se aburrían mucho, por tal motivo crearon al hombre. Sin embargo todavía se aburrían, por esto crearon el amor, entonces vieron que ya no sea aburrían y quisieron practicarlo también ellos. Se dieron cuenta de que no era fácil jugar al amor, por eso inventaron la risa, como una manera de olvidar las penas de amor.
Qué difícil es para nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso jugar a querer, aceptar las reglas de los dioses ociosos de un lugar lejano. Está historia, contradice a cupido, aquí no se habla de flechas ni de angelitos a poto pelado, sino que se nos habla de un juego macabro y ocioso de las deidades olímpicas, las cuales hicieron del hombre un artefacto amatorio.
Ahora bien, me pregunto si los dioses eran conscientes del regalo que les otorgaban a los hombres, cada uno de nosotros ha recibido su porción de amor sin pedirla y sin luchar por ella, amores sufridos, amores ingenuos, locuras de amor, pero cada uno de nosotros ha tenido algún ápice de amor en sus vidas.
Sin embargo me propongo investigar cuándo se está realmente enamorado, o es que es tan delgada la línea que no nos damos cuenta cuando la cruzamos. Es como una maratón que se corre, que se lucha por ganar, pero que no nos damos cuenta donde está la meta. Cuál es la meta del amor, conquistar a alguien, conquistar la cama de alguien o ser presentados por alguien como el Oficial. En mi humilde opinión, en el amor la meta es eterna y uno bueno, se cansa de correr y deja la carrera tirada donde sea. No se puede tirar eternamente de un elástico que al final terminará rompiéndose.
Otra de las preguntas que me hago es cuándo el amor deja de ser trivial para convertirse en verdadero, hay algún momento perfecto que destaque por sobre los otros y que nos enfrente al hombre que amamos limpiamente, sin intereses y sin caretas. Puede que sea un día cualquiera, el cual si miramos un par de años atrás destaque por sobre los otros, simplemente porque sí.
Simplemente esto del amor es muy difícil, cada uno se enfrenta a él de manera diferente, a veces de lleno y otras parcialmente, confinando al amor a un proceso que se ejecuta en segundo plano. Otros viven para el amor, lo cuestionan, lo amasan, lo manosean, se lo explican y se engañan.
Momentos felices hay muchos, el amor es un cúmulo de emociones que nos hace libres, que no deja espació para otras cosas, ya que la sola idea de pensar que queremos nos vuelve adictos al otro.
Sólo me resta decir que el amor no es invento nuestro, nosotros somos simples marionetas que los dioses mueven para entretenerse y para reírse.

La compra.

He roto el chanchito con el fin de comprar una cartera nueva, la vi hace tiempo en una vitrina del mall y en cuanto se apareció frente a mis ojos se me volvió una necesidad. Ahorré por cuatro semanas, me sacrifiqué para no gastar el dinero en nada más, vendí algunas cosas que ya no usaba y me dejé algunos vueltos del supermercado. Sólo quería la cartera por lo que había visto en la vitrina, ni siquiera medité si iba conmigo, con mi estilo, si esa cartera serviría para mis necesidades, ya que por lo general cargo en las carteras con muchas cosas, prácticamente con todo.
Conté las monedas una por una, $40.780, ese es el ahorro del mes. Estoy contenta, por fin compraré la cartera que tanto quiero, con la que he soñado todo este tiempo. Llego a la tienda y la pido a la vendedora, la veo, la mido con una carpeta, intento hacer que quepa, pero no, es pequeña, además necesita cuidados especiales por el reno de la que está hecha. Por ningún motivo me sirve esta cartera.
Uno vive de ilusiones siempre, tratando de suplir sus necesidades, o sus banalidades de la manera que mejor le parezca, en mi caso me esforcé tanto por algo que no me sirve. Me lancé como una niña a un juguete nuevo, sin saber que la cartera, muy linda y todo, nunca satisfará mis expectativas.
Esto se parece al problema de las parejas, muchas veces creemos estar enamoradas de alguien que nos gusta mucho, alguien que nos hipnotiza con lo que es. Nos esforzamos por encajar, por lograr que nos combine, hacemos sacrificios sobrehumanos, lloramos, conquistamos. Todo con la finalidad de obtener la atención y concretar una relación con alguien. Con el tiempo vemos que no era lo que pensábamos, el bolso, tan caro por lo demás, no nos presta la utilidad necesaria. El hombre que nos quitaba el sueño, ha dejado de encajar con nosotros, en el fondo hubiera sido más fácil darse cuenta a tiempo de que el tipo nunca nos encajó, fue el gen consumista, ese que se empecina en obtener lo complejo, lo que es casi imposible, las mujeres gozamos con ese Casi, sabemos que en el fondo podemos lograr lo que no se puede. Mientras más difícil es el asunto, más fácil nos desencantamos, es como si fueran factores inversamente proporcionales. A mayor idealización….menor es el goce, menor el tiempo y menor la satisfacción.
Se trata de un juego de roles, o sea, siempre nos obsesionamos con el tipo que nos ignora, con el tipo que nos quiere como amigas, o con el actor de cine independiente que vive en el piso de arriba. Será que las mujeres crecimos con la idea de que no existen los imposibles. Bueno, propongo replantearse la “compra” antes, revisar si el adminículo en cuestión sirve para complementar nuestras vidas, si el bolso es capaz de contener lo necesario….no es posible que un notebook quepa en un bolso de fiesta.
Me replanteo mis compras anteriores, amores sufridos que he frenado a tiempo, aunque no antes de romper el chanchito y contar si me alcanza. Esta vez estoy ahorrando, juntando pedazos de mí, para ver si soy capaz de comprar lo que quiero, muchas veces me he sorprendido con el chanchito en las manos, a punto de tirarlo al suelo, hasta que recuerdo las veces anteriores, me contengo, junto más, pienso más, pruebo las compras potenciales. No me quiero equivocar en estos tiempos de crisis, no hay mucho espacio para un sobregiro. No cuesta embobarse, idealizar, pero el problema es que el amor no juega con algo material, está en juego la vida, el alma de uno de los participantes. Comprador y vendedor se exponen, uno al rechazo y el otro a la estafa.
Hoy tengo en mente una compra, me gusta lo que he visto en la vitrina. Sin embargo temo, a que no se venda, a que no me lo vendan a mí, por un problema de exclusividad. En fin, no me entusiasmaré tan rápido, el hecho de ser exclusivo me da la ventaja de que otra venga, lo compre y lo devuelva. Un producto usado es un producto con descuento, podré guardarme un poco de mí y tener lo que quiero.

Descargo I

Algo me molesta, parece que hay cosas que se han salido de mi control y de mi entendimiento. He olvidado cómo se bloquean las cosas que no quiero que pasen, y es así como siguen dando vueltas por mi cabeza extraños factores, malditas impresiones que no quiero.
Estoy a punto de emprender el vuelo, de correr, escapar y mandar todo al otro hemisferio, no quiero pensar más, no quiero aprender más, todo lo que sé es lo que necesito para divertirme.
Hay momentos en que todo pierde sentido, nada tiene el para qué, ni el por qué, tan sólo se hacen las cosas por una inercia estúpida, es como el famoso "cómo estás" pronunciado por reflejo. No hay nada escrito, es como si el tiempo se detuviera en una pausa eterna. Y todos se divierten, todos se pelean por moverse mientras tú te detienes, dejas que la vida camine en la misma dirección que siempre.
Y otra vez me pregunto por qué no tengo la facilidad de desaparecer, el poder de desintegrarme lenta y certeramente, dejar de respirar en lo profundo del silencio.
Y otra vez te extraño, eres lo que más necesito y no estás, en ningún lado escucho tus consejos. Te miro en la foto, la última que me enviaste, no lloro, pero te extraño, me haces falta para despabilarme, para decirme que hay sol, que no todo es tan negro como parece.
Reparo en todo lo que alguna vez me sirvió de catarsis; los viajes, las peleas, el sueño, los calmantes, los gritos, el aire. Reparo en cosas que ya no surten el mismo efecto. Me duele saber que sigo recurriendo a ti, que sigo buscando en ti lo que no se puede, yo estoy, soy algo concreto, tú tan sólo un recuerdo, una idea recontra usada. Lo siento, esta noche la sinceridad me embarga.
Estoy enferma, me angustia el silencio, me duele la vida como nunca, de no ser por ella estaría gozando del descanso eterno, demasiados requerimientos tiene la vida, la consigna debería ser VIVE!!!!, pero no, surgen papeleos, decisiones, afectos y efectos, demostraciones, malversaciones, derroches y otras cosas. Todo en contra, nada a favor.
Trato de salir a flote, de ver las flores de colores, los verdes intensos, las demostraciones de cariño, pero en todo, en todos, hay un dejo de falsedad.
Incluso aquellos que me parecían verdaderos, han pasado a ser una mala copia, una mala versión de alguien más, se han vuelto artificiales, se han perdido en alguna esquina de este mercado de mierda que es la ciudad.
No, ya lo he visto todo, he asistido a los eventos que prometían algo, he conocido a las personas que brillaban un poco, ya no más, me he dado cuenta de que nada es lo que parece, nadie conserva su santidad por mucho tiempo.
Bienvenida al circo, al espectáculo callejero en el que todos hacen un mal papel, en el que nadie es digno de figurar más.